martes, 27 de agosto de 2013

Zahan y la Tierra~capitulo 2

Capitulo 2 <Encuentro>

...Rebeca...
Había sido una mala mañana, el cabello estaba terriblemente enredado y los días que se ponía así no eran buenos, solían pasar cosas extrañas o desagradables, ya fueran pequeñas o muy grandes. La última vez que había pasado eso, su padre había estado en el hospital un año entero, ¿Esta vez que ocurriría? El desayuno había sido normal y Josué no parecía haber estado nervioso como las primeras veces que había estado a solas con ella, tenia trabajando en la casa por lo menos 6 anos y parecía haberse acostumbrado al ambiente, ¿sería divertido hacerle una pequeña broma de mal gusto?
- Josué - Su rizado cabello se agito al girar su cabeza en mi dirección.
- ¿Si señorita? ¿Desea algo? - hizo una pequeña reverencia antes de esperar la petición
Sus ojos mostraban signos de claro escucha y al ver sus dedos llenos de vendas y pequeños curitas decidí no hacer nada, el preparaba cada comida de mi mesa, además que la noche anterior no tenía ni un solo rasguño.
- ¿Han llamado mis padres?
- No, solo enviaron la carta a la señorita
La carta, la había leído esa misma noche, con la misma ilusión que hacía muchos años siempre hacia cada que recibía algo de sus padres desde lejos, pero cada ano que pasaba se sentía cada vez mas sola, cada vez las cartas escritas llevaban menos sentimientos hacia ella.
Tome mi mochila y me dirigí hacia la entrada, que fue abierta por Ramón, uno de los sirvientes más viejos de la casa. Caminar de mi casa hacia la secundaria era el único ejercicio que podía hacer además que prefería pasar ese tiempo sola, sin la interrupción de nadie.
Después de tanto pensar, al girar en una de las esquinas de la cuadra de la escuela pude ver el amplio portón de la entrada, pero no eran los brillantes tubos lo que capto mi atención, sino una persona con una capucha negra parada a la espera de alguien, no podía ver su rostro, quise pasar de largo a través de los demás alumnos, aunque eran pocos, aun era temprano.
Una mano pálida y delgada se estiro hacia mi dirección y con una voz tranquila la negra silueta pronuncio "Cabellos como una cascada tan negra como la noche, ojos tan azules como el mar" la gente no lo miraba, no lo escuchaba, no me había percatado que iba en dirección de la silueta negra pero no pude detenerme, en su mano me tendía una gema de color azul brillante, no había visto ningún color igual, podría decirse que salía una luz de su interior tan propia como la luz que alumbraba el sol cada mañana. La gema era cálida cuando mis dedos las rosaron, pero la otra mano de la silueta impidió que la apartara, cuando pude ver sus ojos dorados, de alguna forma desapareció.
Y entonces quede solamente yo con una hermosa piedra en las manos.

...Raquel...
Haber hablado con Rebeca el día anterior se sentía extraño, había escuchado demasiados rumores en la escuela acerca de ella, pero cada rumor la hacía ver alguien fría y sin piedad de nadie, pero la imagen que tenía yo era de alguien frágil, todos lo habíamos visto la pasada navidad. Jimena me había dicho que Gabriel se encontraba en el edificio de los de tercer grado entregando unos documentos, pero al maestro de gimnasia no le importaba nada y me había enviado en su busca para que entrara a la clase. Sin duda alguna lo encontré, resaltaba demasiado como para no ser visto, pero más llamaba la atención cuando te dabas cuenta de quien tenía sus brazos alrededor de su pecho, Rebeca.
Su espalda se movía entrecortada, lo más probable es que ella estuviese llorando, pero no sabía ni la causa, ni la razón, ni mucho menos el motivo, solo puede ver los ojos de Gabriel que se encontraron con los míos, no supe la expresión de mi rostro en ese momento, solo sabía que la de él, era de preocupación. Hui, salte la clase y llore, no podía pensar la razón, solo sentía el dolor de mi pecho, hasta que termine, me di cuenta que estaba enamorada de Gabriel.
Una nota llego a mi pupitre, la letra era delicada y bien cuidada, parecía la de un príncipe y estaba firmada por Gabriel, decía que buscara algo inusual en el banco, específicamente en la parte debajo de la paleta, donde se podían guardar algunos libros. No fue difícil encontrar un boleto de una exposición sobre mitología que se haría en el museo esa misma tarde.
Terminada la última hora de clase se dirigió a mi banco.
- ¿Te gustaría ir conmigo? - Como decirle no a ese rostro que notaba tanto nerviosismo, su rostro estaba levemente enrojecido y sus ojos no paraban de ver hacia todas partes mientras esperaba la respuesta, pero no es que no quisiera responder, sino que su tímida y encantadora sonrisa me dejaba sin poder articular una sola palabra
- claro, ¿dónde nos vemos? - A juzgar por la expresión de Jimena, sabía que algo iba por buen camino y se fue a casa antes de que pudiese terminar de hablar con Gabriel, pues seguro sabía que no lo interrumpiría.
Mi llegada a casa fue lo normal, mis papas dejaron una nota de que ambos llegarían tarde y mi hermano mayor seguro había salido con su reciente novia así que dejo una nota de disculpa sobre mi cama y un aviso sobre la comida, me cambie de ropa, no tenía idea de que ponerme, había un vestido que yo adoraba, pero por más que lo buscaba no estaba donde lo había dejado por última vez, así que tuve que improvisar lo que me pondría, una blusa lila se topo con mis ojos miel, entonces busque sin mucho esfuerzo mi cinturón morado y mi falda de mezclilla, las zapatillas del armario quedaban perfectas.
Gabriel ya estaba en el sitio que habíamos acordado, aun era temprano con respecto a la hora a la que habíamos acordado, pero igual entramos, había demasiadas cosas con respecto al tema base, tantos cuadros, esculturas, jarrones y demás. Inclusive hablaban de dragones, había unas cuantas esculturas, estaban hermosamente detalladas, tanto que causaba temor, los ojos parecían mirarte verdaderamente, de manera que no podías mirarlo una segunda vez. Lo intente muchas veces, pero no podía y en mi último intento en lugar de girar nuevamente hacia el negro dragón esculpido delante de mí, mire hacia una figura negra que se movía entre la gente, iba hacia mí, a pesar de su aspecto nadie lo veía, susurraba algo, sus pálidos labios parecían dictar un hechizo, pero nadie lo escuchaba, para cuando estuve frente a él me di cuenta enteramente de su dorada mirada y su voz madura diciendo "Cabello cual dulce néctar y ojos brillantes como el sol, intermediaria entre la alegría y la tranquilidad" su tibia mano coloco una piedra tibia de color cobrizo, se sentía cálida en mi mano, pero cuando quise mirar de nuevo esos ojos dorados, no había nadie, solo yo y la multitud, cada quien caminado hacia todos lados.

...Andrea...
Al término de la última hora de clase me dirigí hacia los grupos de primero, ya casi seria San Valentín y había quedado de acompañar a Karen al centro, ese día habíamos salido temprano, por lo que aun tenía mucho tiempo para visitar algunas tiendas y volver al trabajo.
Karen era de las primeras de la lista así que salía rápido y no se detenía a despedirse de mucha gente, solo con pequeño asentimiento con la cabeza decía "hasta mañana" y se iba.
- ¿Nos vamos?
- ¡Sí! - dijo nuevamente con esa tierna sonrisa que hacía que el mundo pareciese demasiado malo para su existencia tan dulce y frágil.
Caminamos alrededor de muchas tiendas, pero ella no se detenía a mirarlas, era como si ya supiese a donde iba, como si lo que fuese a comprar estuviera en tiendas tan reconocidas como Sears y Liverpool, seguimos caminando, la avenida  Juárez era larga, pero ella no paraba de caminar, llegamos hasta Ruperto Martínez.
- Regresemos, es esa calle de allá
"Oh, con que eso era" pensé, había estado recordando el camino para llegar a aquel punto.
Su rostro parecía pálido. - ¿Puedes regresar sin mi? - pregunto
- Eh? aún es temprano así que...
- Es solo que... quiero estar a solas - Su mirada era triste, pero se esforzó en mostrarme una sonrisa, aunque era doloroso verla de ese modo, si ella no quería mencionar nada, no había forma en que yo la hiciese hablar sobre ello.
Me sentí triste, pero ni eso evito que notara la figura negra que estaba parada al lado de la tienda, esperando la llegada de alguien, la gente a su alrededor se daba cuenta de su presencia ni de las palabras que salían de sus labios.
- Cabellos rojos como fuego, alegría que quema la salada oscuridad y cielos que con su mirada alegran el día - dijo, sin saber cómo ya estaba parada frente a frente, tenia ojos como el oro y en mi mano poso una circular gema verdosa, era un verde desconocido a mis ojos, tan brillante como la esmeralda, de alguna forma era cálida, parecía latir en mi mano, pero al girarme para ver de nuevo a esa figura me encontré sola, la gente pasaba como si nada hubiera ocurrido en el lugar y Karen seguía haciendo sus compras a través de la ventana del aparador.


No hay comentarios:

Publicar un comentario