Era una mañana hermosa, escuchaba a los pajarillos trinar a través del vidrio de mi ventana.
Aun llevaba mi pijama rosa de seda, fui al baño a cepillarme el cabello tan rubio y mire mis ojos escarlata reflejados a través del espejo.
Bajé las escaleras y vi a Alexander preparando el desayuno con sus ojos verde olivo siempre alegres y su revuelto cabello castaño claro, de un tono casi rubio.
Me senté en la mesa y escuche un “buenos días” venir desde la cocina.
-Buenos días- respondí - ¿Y donde esta mi madre?
- Ella se fue temprano en la mañana al aeropuerto
-… ya veo… ”De nuevo se fue sin avisar”- pensé
Comí solamente la tortilla de huevo y un poco del arroz.
-Ya me voy, Alex- Salí sin siquiera voltear hacia atrás
- ¡váyase con cuidado señorita!- me gritó desde la puerta
Al salir mire el cielo…
Era una muy buena mañana pero…
No lo se… sentía algo… algo extraño en mi… algo que no entendía.
Escuché que me llamaban pero mi cuerpo no reaccionó, me giré y frente a mi había un muchacho de cabello lacio negro como la noche y ojos azul cielo, un cielo en el cual me perdí hasta que volvió a llamarme.
-Diana- me sobresalte por el aliento que chocó en mi oreja debido a su voz.
-¿Quién eres? ¿Cómo sabes mi nombre?-
-simplemente adivine- dijo con una sonrisa traviesa en el rostro
No entendía a ese chico. Me di media vuelta y me fui pero el me detuvo con un abrazo, rápidamente me liberé y me fui.
Llegue tarde a la escuela y las listas fueron retiradas de la entrada así que no sabia que hacer. Me senté en una banca cerca de ahí y mire como caían las hojas del arbol mas cercano .Una tras otra cayeron. Parecían hadas bailando en el aire cada una a su compás
Una idea me atravesó la mente. Buscar mi nombre entre los grupos, es decir, preguntar en cada salón del segundo grado.¿Cómo no se me ocurrió antes?
Pregunte en cada salón hasta llegar a la aula 2-B, ahí vi mi nombre escrito. Entre y le dije lo debido al profesor, me indico mi asiento y cuando justo iba en dirección de mi asiento vi a mi compañero de atrás.No podía creerlo era ese muchacho, el que me habia encontrado de camino a la secundaria.
Sus ojos azules me miraban fijamente con una cara de diversión, como si se estuviera burlando de mi reacción.No lo tome en cuenta y me senté en mi lugar. Aun sentía su mirada clavada en mi. Era… era algo escalofriante.No sabía que quería pero me estaba dando miedo.
-hola, de nuevo- no me gire, preferí ignorarlo, pero al parecer eso le daba mas ganas de hablar conmigo y me di cuenta porque se la paso picándome la espalda hasta que me voltee y lo salude.-hola...- lo dije en un tono seco debido a mi mal humor.
-así que si te llamas Diana
--si…
-ya veo, ¿estas aquí desde el año pasado?
-…si...- tenia ganas de decirle un “¿tu no?” pero no quería seguir platicando.
Siguió haciéndome preguntas, una tras otra al ver que yo no le preguntaba nada.
Sonó al fin el timbre del descanso. Salí y esperaba que el me dejara en paz pero al contrario el me siguió y continuó interrogándome.Llegue al punto de preguntarle:
-¿no te cansas de hacerme tantas preguntas?
-nop - Me miro con unos ojos llenos de ternura y cariño.
Comí mi lonche y el solo me observó todo el tiempo.¡¿Qué tengo yo de interesante como para que me acose tanto?!
-¿puedo acompañarte a tu casa?- de repente sacó esa pregunta.La pregunta que yo más odiaba de todas.Lo mire con una cara furiosa y el entendió lo que quería decir mi expresión.
-umm… pasas por el parque ¿no?
-si ¿y que?
-te acompañare hasta ahí ¿si?
-…..- lo pensé un momento - bien!- por lo menos no me va a acompañar hasta la casa.
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