viernes, 30 de agosto de 2013

Zahan y la Tierra: capitulo 3

Capitulo 3 <Descubrimiento>

...Raquel...
El día anterior después de lo raro de haber obtenido una extraña gema de color Cobre, había sido un día increíble con Gabriel, parecía una cita perfecta, inclusive había sido escoltada a casa, pero al llegar la noche mientras se encontraba haciendo tarea una extraña luz salía de su bolso, la intensidad cada vez se hacía más grande conforme pasaba el tiempo, hasta que todo a su alrededor se volvió de cobre, las luces se apagaron y todo quedo en una oscura penumbra, camino en busca de la puerta de su habitación, pero algo grande, tibio y escamoso estaba frente a ella, cuando lo toco volvió la luz, pero no provenía del foco ni de la puerta ni mucho menos del balcón, no, la figura escamosa frente a ella brillaba y ella ya sabía que era, pero se quedo en shock, no podía moverse ni mucho menos hablar, un dragón.
Quería gritar, llamar a su madre y decirle lo que estaba pasando, pero la larga cola escamosa impedía su huida, su piel al igual que sus ojos eran del color del cobre, después de notar el pánico en los ojos de Raquel, el dragón tomo forma humana, pero sus ojos seguían brillando como el color de sus escamas, pero su cabello ahora era castaño, casi rubio.
Se sintió más tranquila en su forma humana, pero solo reacciono con un montón de preguntas atropelladas, sin esperar una respuesta.
- ¿¡Quien eres!? O... ¿¡que eres!? ¿¡Porque estas aquí!? ¿¡Porque ante mí!?
La explicación fue larga, pero el rostro de la chica no parecía comprender nada de lo que el dragón de forma humana estuviese diciendo, más bien pensaba "este tipo cree que simplemente me tragare eso sobre Zahan"

...Rebeca...
El día había pasado con tranquilidad y después de la aparición del hombre de la capucha negra no había ocurrido nada fuera de lo normal, Andrea nuevamente se había ido con Karen a casa y al parecer el rubio nuevo había invitado a salir a la chica de cabellos castaños del día anterior. Todo era normal, pero al llegar a casa y repasar un poco las partituras de violín que mi maestro de música había enviado, el bolsillo de mi suéter del uniforme que estaba encima de la cama comenzó a brillar con intensidad, todo a mi alrededor se torno de color bronce, igual al de la gema que me habían entregado esa misma mañana.
La luz se fue, pero en cuanto se fue se encendió otra del mismo color que el de las paredes y ventanas, un dragón estaba parado enfrente de mí, las escamas brillaban de mil tonos y sus ojos eran de un azul profundo, eran aun más hermosos que los míos. No sentía miedo, sino sorpresa, no dije nada, nunca había creído en seres mitológicos, pero el tenerlo al frente parecía una ilusión, su cola no estaba muy lejos de mi mano y la palpe con los dedos, las escamas eran duras, lisas, pero destellaban hermosamente sus tonos.
- ¿Qué haces aquí? - pregunte

...Andrea...
Después de dejar a Karen en la tienda y lo ocurrido con la figura negra, había ido directo a mi trabajo, no me encontraba muy lejos, simplemente no sabía que pensar de mi pequeña amiga, no me había ocultado muchas cosas desde que la había conocido, el trabajo nuevamente era des estresante, podía desquitarme muy bien con la mugre.
De vuelta a casa quise tocar el timbre su casa, pero me falto valor y me dirigí a la mía, no me quite el uniforme del trabajo a pesar de que olía tanto a cloro, mis ojos se estaban cerrando cuando una brillante luz salió desde dentro de mi maleta con mi uniforme escolar.
Toda la habitación se volvió de color blanco, incluso la colcha en la que me encontraba recostada. Me levante lentamente y la luz se fue, pero en cuanto se fue una luz provino de una enorme figura que se situaba delante de mí, era enorme, la mitología siempre me había gustado, pero nunca había imaginado un dragón más hermoso que el que se encontraba frente a mí, sus escamas brillaban con una luz totalmente pura.
Sentí el impulso de querer tocarlo, lo acaricie tantas veces que cuando mire sus ojos de un tono celeste casi transarente, pude ver un sentimiento de vergüenza en ellos, la enorme figura se transformo en un joven de solo uno o dos años menor que yo, sus ojos seguían siendo transparentes, pero su cabellera era como el chocolate, no tan lacio ni tampoco rizado, le quedaba a la perfección con sus grandes ojos.

...Karen...
Después de llorar en mi habitación, mama me había enviado a la tienda en busca de algunos ingredientes para la cena, en mi regreso, subiendo por las escaleras pude ver a Andrea indecisa si tocar o no el timbre de la casa, no lo toco, su rostro mostraba totalmente preocupación, hacía mucho tiempo que no la veía arrugar la frente de esa manera. Quise gritarle y saludarla con una alegre sonrisa, pero no había mucha felicidad en mí, ni tampoco tenía mucho ánimo como para contarle acerca de mis amoríos, observe como lentamente abría la puerta de su apartamento sin dejar de mirar al mío, hasta que entro por completo en su casa.
Tropecé en cuanto intente subir el ultimo escalón en el que me encontraba, las cosas rodaron por el suelo y comencé a llorar, seguro me había visto como una niña de 5 anos que simplemente lloraba por el pequeño raspón en la rodilla, pero mi dolor no era en la rodilla, sino en el corazón. ¿Cuántas veces ya había hecho sufrir así a Andrea? Ella siempre callaba, no preguntaba nada y yo siempre egoístamente me guardaba todo, cuando simplemente yo lo sabía todo de ella.
Por fin llegue a la puerta, deje las cosas en la mesa junto con el dinero que sobro, mi madre estaba de espaldas, cocinando y camine hacia mi cuarto, nunca cerraba la puerta, pero de alguna manera ese día se cerró mientras me acercaba a la mesa, embelesada por el brillante destello de la piedra plateada, segundos después, el cuarto se torno de ese mismo color, las luces se fueron y con la oscuridad llego una nueva fuente de luz, era enorme, tenía miedo, pensé fugazmente en meterme debajo de la cama, pero recordé que era demasiado baja para mi altura. Cerré los ojos fuertemente y sin querer me lleve las manos a los oídos, haciendo de un ovillo todo mi cuerpo.
Unas cálidas manos me rodearon completamente, el cabello era castaño, demasiado claro, pero no rubio, lo llevaba sujetado en una trenza que le llegaba al pecho.
- Todo está bien - susurro - nada malo pasara - su voz me tranquilizaba, instintivamente cerré los ojos y no sé en qué momento Morfeo me visito en sueños.

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