viernes, 30 de agosto de 2013

Zahan y la Tierra: capitulo 3

Capitulo 3 <Descubrimiento>

...Raquel...
El día anterior después de lo raro de haber obtenido una extraña gema de color Cobre, había sido un día increíble con Gabriel, parecía una cita perfecta, inclusive había sido escoltada a casa, pero al llegar la noche mientras se encontraba haciendo tarea una extraña luz salía de su bolso, la intensidad cada vez se hacía más grande conforme pasaba el tiempo, hasta que todo a su alrededor se volvió de cobre, las luces se apagaron y todo quedo en una oscura penumbra, camino en busca de la puerta de su habitación, pero algo grande, tibio y escamoso estaba frente a ella, cuando lo toco volvió la luz, pero no provenía del foco ni de la puerta ni mucho menos del balcón, no, la figura escamosa frente a ella brillaba y ella ya sabía que era, pero se quedo en shock, no podía moverse ni mucho menos hablar, un dragón.
Quería gritar, llamar a su madre y decirle lo que estaba pasando, pero la larga cola escamosa impedía su huida, su piel al igual que sus ojos eran del color del cobre, después de notar el pánico en los ojos de Raquel, el dragón tomo forma humana, pero sus ojos seguían brillando como el color de sus escamas, pero su cabello ahora era castaño, casi rubio.
Se sintió más tranquila en su forma humana, pero solo reacciono con un montón de preguntas atropelladas, sin esperar una respuesta.
- ¿¡Quien eres!? O... ¿¡que eres!? ¿¡Porque estas aquí!? ¿¡Porque ante mí!?
La explicación fue larga, pero el rostro de la chica no parecía comprender nada de lo que el dragón de forma humana estuviese diciendo, más bien pensaba "este tipo cree que simplemente me tragare eso sobre Zahan"

...Rebeca...
El día había pasado con tranquilidad y después de la aparición del hombre de la capucha negra no había ocurrido nada fuera de lo normal, Andrea nuevamente se había ido con Karen a casa y al parecer el rubio nuevo había invitado a salir a la chica de cabellos castaños del día anterior. Todo era normal, pero al llegar a casa y repasar un poco las partituras de violín que mi maestro de música había enviado, el bolsillo de mi suéter del uniforme que estaba encima de la cama comenzó a brillar con intensidad, todo a mi alrededor se torno de color bronce, igual al de la gema que me habían entregado esa misma mañana.
La luz se fue, pero en cuanto se fue se encendió otra del mismo color que el de las paredes y ventanas, un dragón estaba parado enfrente de mí, las escamas brillaban de mil tonos y sus ojos eran de un azul profundo, eran aun más hermosos que los míos. No sentía miedo, sino sorpresa, no dije nada, nunca había creído en seres mitológicos, pero el tenerlo al frente parecía una ilusión, su cola no estaba muy lejos de mi mano y la palpe con los dedos, las escamas eran duras, lisas, pero destellaban hermosamente sus tonos.
- ¿Qué haces aquí? - pregunte

...Andrea...
Después de dejar a Karen en la tienda y lo ocurrido con la figura negra, había ido directo a mi trabajo, no me encontraba muy lejos, simplemente no sabía que pensar de mi pequeña amiga, no me había ocultado muchas cosas desde que la había conocido, el trabajo nuevamente era des estresante, podía desquitarme muy bien con la mugre.
De vuelta a casa quise tocar el timbre su casa, pero me falto valor y me dirigí a la mía, no me quite el uniforme del trabajo a pesar de que olía tanto a cloro, mis ojos se estaban cerrando cuando una brillante luz salió desde dentro de mi maleta con mi uniforme escolar.
Toda la habitación se volvió de color blanco, incluso la colcha en la que me encontraba recostada. Me levante lentamente y la luz se fue, pero en cuanto se fue una luz provino de una enorme figura que se situaba delante de mí, era enorme, la mitología siempre me había gustado, pero nunca había imaginado un dragón más hermoso que el que se encontraba frente a mí, sus escamas brillaban con una luz totalmente pura.
Sentí el impulso de querer tocarlo, lo acaricie tantas veces que cuando mire sus ojos de un tono celeste casi transarente, pude ver un sentimiento de vergüenza en ellos, la enorme figura se transformo en un joven de solo uno o dos años menor que yo, sus ojos seguían siendo transparentes, pero su cabellera era como el chocolate, no tan lacio ni tampoco rizado, le quedaba a la perfección con sus grandes ojos.

...Karen...
Después de llorar en mi habitación, mama me había enviado a la tienda en busca de algunos ingredientes para la cena, en mi regreso, subiendo por las escaleras pude ver a Andrea indecisa si tocar o no el timbre de la casa, no lo toco, su rostro mostraba totalmente preocupación, hacía mucho tiempo que no la veía arrugar la frente de esa manera. Quise gritarle y saludarla con una alegre sonrisa, pero no había mucha felicidad en mí, ni tampoco tenía mucho ánimo como para contarle acerca de mis amoríos, observe como lentamente abría la puerta de su apartamento sin dejar de mirar al mío, hasta que entro por completo en su casa.
Tropecé en cuanto intente subir el ultimo escalón en el que me encontraba, las cosas rodaron por el suelo y comencé a llorar, seguro me había visto como una niña de 5 anos que simplemente lloraba por el pequeño raspón en la rodilla, pero mi dolor no era en la rodilla, sino en el corazón. ¿Cuántas veces ya había hecho sufrir así a Andrea? Ella siempre callaba, no preguntaba nada y yo siempre egoístamente me guardaba todo, cuando simplemente yo lo sabía todo de ella.
Por fin llegue a la puerta, deje las cosas en la mesa junto con el dinero que sobro, mi madre estaba de espaldas, cocinando y camine hacia mi cuarto, nunca cerraba la puerta, pero de alguna manera ese día se cerró mientras me acercaba a la mesa, embelesada por el brillante destello de la piedra plateada, segundos después, el cuarto se torno de ese mismo color, las luces se fueron y con la oscuridad llego una nueva fuente de luz, era enorme, tenía miedo, pensé fugazmente en meterme debajo de la cama, pero recordé que era demasiado baja para mi altura. Cerré los ojos fuertemente y sin querer me lleve las manos a los oídos, haciendo de un ovillo todo mi cuerpo.
Unas cálidas manos me rodearon completamente, el cabello era castaño, demasiado claro, pero no rubio, lo llevaba sujetado en una trenza que le llegaba al pecho.
- Todo está bien - susurro - nada malo pasara - su voz me tranquilizaba, instintivamente cerré los ojos y no sé en qué momento Morfeo me visito en sueños.

La luz de la mirada: capitulo 3

CAPITULO 3: LA PRINCESA RAMSON
-       … na… ¡Elena! – grito Luisa al frente mío
-       ¿eh?
-       ¡Por fin reaccionas! Veo que realmente no te interesa la competencia…
-       ¿competencia?
Luisa era alguien a quien no le gustaba para nada el esperar una respuesta y por lo regular al no escuchar una respuesta rápida, ella misma la toma con respecto a cómo es cada persona. Su cabello lacio pelirrojo combinaba perfectamente con su rebelde personalidad, sus ojos azul rey realmente llamaban tu atención.
-       ¡Laura! ¡Elena participara! – Laura, era alta y delgada, cabello negro y ojos azules. El cabello lo tenia casi tan largo como el mio, pero siempre recogido en una coleta. Ella era la representante de la clase. Laura solamente asintió e hizo un apunte en su carpeta.
-       ¡WAA! ¡espera! ¡No se siquiera de que es la competición!
-       Es mañana, una competición deportiva contra el equipo femenil con las mujeres del instituto Carmen.
Si no me equivocaba, en el suéter de Rafael se encontraba el símbolo de ese instituto…
-       Entiendo… con razón me inscribiste


Rafael 

-       ¿princesa Ramson? – pregunte algo atónito
-       Si, es la mejor en todas las materias del instituto Ramson, es realmente muy hermosa, el año pasado supero a nuestro equipo femenil en todas las rondas de la competición, fue realmente increíble.
-       ¡¿De verdad?! – grite, el que existiera una chica así no era posible ¿o no?
-       Si, por eso las chicas han estado entrenando muy duro – dijo mi compañero Raúl, el había conseguido que llegara a la cabina de Soledad para poderla conocer. El había sido mi amigo de la infancia, ni siquiera él ni el resto de la banda sabia acerca de su verdadera identidad.
-       ¡¿eh?! ¿Qué tipo de chica será?
-       Ni idea, ¿pero no dijiste que habías conocido a una chica?
-       Jaja si, es inigualable, es precisamente de ese instituto
Si… Elena era una chica increíble, con solo verla no podía pensar claramente, como si al mirarla mi mente se pusiera en blanco.

Apenas era la hora del almuerzo, Raúl y yo simplemente nos quedábamos en el aula comiendo nuestros sándwiches. El uniforme era de lo más común, se podría decir que el de las chicas fue mucho más diseñado que el nuestro. Una falda de tablones, una blusa blanca y un chaleco más un moño, el cual combinaba con el resto de la vestimenta. Nuestro uniforme era un simple pantalón y una playera blanca con una chaqueta con el logo del instituto.

Aun faltaban tres horas de clase para poder ver a Elena en su precioso uniforme, el cual solo destacaba su belleza, su uniforme era un vestido rojo, como el de una princesa. Su cabello largo realmente era hermoso y sus ojos eran un encanto, a pesar de su actitud tan distante notaba como ella simplemente se intentaba alejar de las demás personas. Aquello no me alejaría de ella, no ahora que estaba completamente seguro de que estaba perdidamente enamorado de ella.

La competencia seria mañana, el instituto femenil Ramson vendrían a nuestro colegio mixto para un juego amistoso como se hacía cada año, tal vez, solo tal vez, tendría la oportunidad de ver a Elena en medio de la competencia.
 El profesor de Educación física me había pedido ser juez en la ronda de atletismo, el cual acepte por el mismo hecho de ver a Elena.

Las chicas estaban realmente emocionadas, practicaban verdaderamente duro y todos los días. El tener a la princesa realmente hacia que se esforzaran.
El torneo pasado no había asistido debido a una lesión en las prácticas, una torcedura en mi tobillo, pero ya se había curado y podría competir en los torneos masculinos contra los equipos de otras escuelas.

En calificaciones, era normal, ni muy altas ni tampoco reprobadas, hasta ahora mis padres estaban conformes pero siempre me habían apoyado diciendo que podía sacar mucho más altas. Pero no me gustaba, prefería estas en mi computadora o salir con amigos.

En la última hora tenia clase de Arte, era mi materia favorita y la profesora me elogiaba lo suficiente como para sentirme orgulloso de mi trabajo. El dibujar y pintar, hacer bosquejos y remarcar, crear fondos y personajes, todo aquello me encantaba, mas no sacaría mucho provecho de ello en el futuro, así que tenía que pensar bien en la carrera que debía estudiar.
Envidiaba a Elena, solo un poco, por el simple hecho de que ella fácilmente había alcanzado su meta, claro que aun no es una profesional, pero ya había sacado varios CD’s y se había hecho muy popular.

El día se me pasaba rápido, el solo pensar en ella hacía que el tiempo fuese más rápido, pero al ver el reloj y esperar a verla era muy lento.
Las clases terminaron y me puse en marcha hacia el lugar citado.
Raúl, era un buen tipo cuando hablaba en serio, pero por lo regular tonteaba con las chicas y era raro que fuese en serio con una de ellas.

Terminando la clase tome mis cosas y camine hacia la fuente, mi salida era a la 1.00 pm pero mi instituto se encontraba más lejos que el de Elena. Ningún autobús me dejaba cerca así que prefería caminar.
Al llegar ahí pude ver a Elena parada al lado de la fuente, con una expresión de querer huir del lugar antes de que yo llegara. Cuando estuvo a punto de caminar la salude.
-       ¡si viniste, Elena! ¿tendremos una cita? ♥
Se quedo callada, parecía como que quería decir algo que estuviese guardando.
Me preocupaba si tenía novio, lo cual era poco probable.
-       En mi carrera como cantante, tengo un contrato firmado, y uno de los puntos marca acerca de no tener una relación, por lo menos hasta que…
Interrumpí, no podía y no quería escuchar eso, la única forma había sido besarla, lo cual hice. No quise mirar su expresión, esperaba una bofetada al instante pero no ocurrió, no hasta después de pasado unos segundos.

¡SLAMP! Llego la bofetada
-       ¡IDIOTA! ¡¿Quién rayos te crees?! – su rostro estaba completamente enrojecido - … mi … mi primer beso …- murmuro a si misma después de darme la espalda
-       Entonces… - sin pensar en cómo reaccionar la abrase por la espalda- ¿de verdad soy la primera persona que ha tocado tus labios?
-       …¿Qué estas tratando de...?
-       ¿Elena? – dijo una voz a nuestras espaldas, era una chica del mismo instituto de Elena, lo note por el uniforme, pero me gustaba más el cómo se le veía a Elena puesto. El cabello se le notaba natural, pelirrojo, y los ojos azul rey se notaban algo confusos a lo que estaba ocurriendo.
-       ¡Lu- Luisa! – cuando Elena dijo su nombre sentí un golpe en el rostro, lo cual hiso que callera sobre unas cajas que estaban a un lado nuestro.
-       Jaja ¿Qué- que estás haciendo por aquí Luisa? – Elena simplemente me ignoro y guio a la chica lejos de mi.
Elena 


Me había salvado de que Luisa viese cuando Rafael me beso y esperaba no tener que volver a verlo durante un buen tiempo. Luisa, se veía rara, no entendía el por qué pero tenía que averiguarlo.
-       ¿y bien? ¿no me contaras?
-       ¿eh? ¿sobre qué?
-       Sobre ese chico, ¿crees que no me doy cuenta? Jaja le gustas
-       …. Lo sé…. Pero….
-       Y te gusta, Elena
-       ¡¿Qué?! ¡no!
Luisa era del tipo que cuando hablaba en serio, hablaba en serio y no se andaba con tanto rodeo. Pero el que pensara que me gustaba Rafael no era algo que pudiese aceptar, ni un poco.
-       ¡oh! Vamos, Elena, te vi cuando te beso, cerraste los ojos y aceptaste el beso, pero cuando te diste cuenta quisiste negarlo y le diste una bofetada.
Realmente no sabía que decir, Luisa me había quitado las palabras de la boca, ese beso había sido tierno, mas no debía, aun no, tener un novio actualmente me crearía muchos problemas con Karla, pero no le podía dar esa razón a Luisa. Tenía que pensar algo.
-       … el me parece tierno… es todo… - quería pensar eso
-       ¿estás segura de eso, Elena?
-       Si – dije con tono seguro, pero en verdad me moría de nervios – Luisa, estoy segura.

Después de eso, nos estuvimos poniendo de acuerdo para la competición de mañana, seria durante clases así que los profesores de las diferentes materias no vendrían. Las mujeres que no se habían inscrito en la competición, irían a esta como animadoras o simplemente para ayudar en lo que se necesitara.
Luisa me explico el porqué estaba ahí, el cual era porque yo había estado actuando muy extraño y al final de las clases no me iba en dirección a mi casa, sino en dirección a clases. Le conté todo lo que había pasado con Rafael, a excepción de lo del concierto, eso era un secreto y ni siquiera Karen sabía acerca de cómo fue que conocí a Rafael ni mucho menos se había atrevido a preguntarme tal cosa.

Cuando llegue a mi casa aun era temprano, y Karen me pregunto acerca de Rafael, yo no quise hablar de él, Karen entendió a la perfección mis indirectas y no saco de nuevo el tema. Pero se notaba que le había tomado cariño a Rafael con tan solo verlo una vez. Karen era muy cariñosa, como una madre, sin los compromisos de esta, pero me preguntaba por qué nunca se había casado, mas nunca sabía como preguntarle de ello. Simplemente el tema nunca se podía sacar, de lo único que hablábamos era acerca de los conciertos y de mi, nunca de ella.

Al entrar a mi habitación, mi rostro mostró angustia y temor, Luisa me leía demasiado bien, Rafael no salía de mis pensamientos y Karen nunca me contaba nada acerca de ella. No sabía en qué pensar primero, así que simplemente me decidí a hacer mi tarea y luego irme a dormir.

Magia de amor: capitulo 3

Tenía 3 días para darle una respuesta.
No sabía que hacer, mi madre seguro volvería antes que yo de su viaje, si es que iba, a menos que le avise pero no… no quiero hablar con ella.
¿Y si me llevaba a Alex conmigo?

-Buenos días señorita- Una voz se oía a lo lejos
-¿Uh?
-¿No iras a clases hoy?- insistió
-no lo se…
-A este paso llegaras tarde
-Vale, vale, ya voy- al levantarme me tope con sus ojos esmeralda.
Estaba tan cerca… podía sentir su respiración y sentía el calor que desprendían sus mejillas debido a los nervios.
-Bu-Buenos días, Alex…- Me aleje de el lentamente, mi mente estaba en blanco pero mi rostro estaba totalmente rojo.
Alex se levanto y se dirigió a la puerta.
-Apúrese o llegara tarde- después de decir eso salio
Me sentía rara, nunca había estado tan cerca de un hombre así… espera… si lo he estado… Chris… ¡Joder!... ¡¿Por qué?!
Espera, ¿Por qué me enfado? Solamente es Alex ¿no? ¡¿NO?!
Comencé a vestirme y no pude hacerme el moño que llevaba mi uniforme, lo hice una y otra vez, pero no pude.
Baje así
Alex miro mi listón colgando y dio un paso hacia mi, pero se detuvo y se fue a la cocina.
Cuando me dio la espalda mi corazón se detuvo, ¿Qué ocurría? ¿Alex? Ibas a hacerme el moño ¿verdad? ¿Por qué te detuviste? Solo… solo dímelo por favor.
Quería que esas palabras salieran de mi boca pero por más intento que hice no pude.
Alex salio con mi almuerzo entre las manos y lo dejo sobre la mesa.
Cuando me di cuenta ya me estaba acercando a el.
Me miro a los ojos, se acerco lentamente, pero se detuvo antes de tocar mis labios, no me había percatado que yo tenía los ojos cerrados.
Cuando se alejo no supe que hacer.
-Alex…- pronuncie su nombre con una voz que nunca había usado con el.
Se dio media vuelta y de nuevo me dio la espalda.
Tome su mano entre las mías.
-…se te va a hacer tarde…
-No me importa
-Pero…
guardó silencio en cuanto me puse frente a el
Duramos mucho tiempo así
Hasta que toco el “cucú” del reloj de madera colocado en la sala.
Me saco casi a la fuerza de la casa, pero a juzgar por su expresión no quería que me fuera.
Camine a la escuela pero a cada paso que me alejaba de la casa se sentía mas pesado.
Me gire y vi la casa desde lejos.
-Hola- me saludo, pero ni mi cuerpo ni mi mente reaccionaron.
Hasta que una mano me sacudió fuertemente.
-¿estas bien?
-¿Ah? S-Si… eso creo…
-No es por presionarte, pero… ¿ya tienes una respuesta?
-No… aun no… pero ¿puedo preguntarte algo?
-Por supuesto- su boca se curvo y dio una calida sonrisa a mi ser
-¿puedo llevar a alguien mas?
-Depende quien sea
-ya veo… ¿y no puedo llevar a Alex?
-¿tu mayordomo?
-Si, ¿puedo?-dudaba, ¿Qué había sucedido exactamente esta mañana? ¿Qué le ocurría a Alex? Y más que nada a mí.
No esperaba una respuesta afirmativa pero por alguna razón la quería…
-No lo se…Después te digo ¿si?
-Ok- continuamos caminando, ambos en silencio, cuando entramos nos fuimos directo a clase.
El día cada vez pasaba más lento…
Solo quería hablar con Alex.
Comencé a dejar fluir mi mente, empecé a recordar cuando conocí a Alex, en ese tiempo mi madre estaba buscando a un mayordomo ya que el que teníamos había renunciado.
Llegue a una tienda, porque estaba pegando volantes, iba a entrar cuando un joven de ojos verdes salía y le entregue el volante
-si no le interesa, puede devolvérmelo
-no, se equivoca, me interesa mucho
-¿de verdad?
-si ¿se puede ir ahora?
-claro, venga conmigo- tome su brazo y lo lleve hasta mi casa
-disculpe… ¿Cómo se llama?
- Mi nombre es Alexander y voy en 9° grado
-bueno, déjame hablar con mi madre
Subí a su habitación, en ese entonces mi madre siempre estaba en casa a la espera de la llegada de mi padre del trabajo
-¿madre, puedo pasar?
-Si, pasa- entré, podía ver sus ojos color verde-azulado
-¿Qué pasa, Diana?
-Ha venido un joven por el empleo
-Oh!, ya veo, bajo en un segundo
-bien
Baje, comencé a hablar con el, nos llevábamos de maravilla.
Mi madre llego y lo llevo a la cocina, poco a poco respondió cada pregunta y cada ejercicio que le puso.
-¿bien? ¿Quieres una respuesta?
Alexander asintió con una señal de respeto.
-Dame todas tus medidas y mañana vienes a comenzar tu labor.
-muchas gracias- observe como Alexander no podía contener su felicidad
______________________________________________________________________

Me desperté en mi banco y toda la clase me observaba. Nunca me había quedado dormida en clase.
El día fue cada vez mas lento… solo podía pensar en Alex...
Al fin, sonó el timbre de salida y me dirigí a casa.
Todo el camino estuve razonando diversas cosas entre Alex y yo.
Al fin comprendí.
Corrí a casa, no podía contenerme más, debía ver a Alex lo más pronto posible.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Aviso!!! ♥ nueva novela!! :D

jeje parace que por fin terminare de escribir una de las ultimas novelas que he estado planeando n.n
y la comenzare a publicar en cuanto la pase de mi libreta a la compu xD (flojera -3-)
pero bueno c:
del montón de historias que he escrito las que publico aquí son las que mas me han gustado c: 
y si tienen algún genero favorito no duden en decírmelo n.n
podría ayudar en mi escritura :D e intentar hacer algo que no se base solamente en el amor :P

que pasen una linda noche ♥
atte: Yare-chan :3

La luz de la mirada: capitulo 2

CAPITULO 2: MIS SENTIMIENTOS
Realmente no sabía qué hacer, en el contrato decía claramente que no debía tener ninguna relación a menos que ya mi popularidad haya alcanzado una gran cantidad de seguidores, pero Rafael, no tenía idea de cómo lo lograba, pero hacia que mi personalidad seria y despreocupada desapareciera mostrando mi enojo y mi forma de ser.
“¿Qué rayos le pasa?”-pensé
En todo el camino a casa me la pase pensando en el, Rafael era del tipo de chico que aunque alguien le diga que no, el seguirá insistiendo hasta que el “no” se transforme en “si”.
Pero su insistencia no me agradaba, era como si cada vez que intentaba alejarlo, el se acercara mas, sin utilizar nada más que su voz y su personalidad.
Al llegar a la casa, salude a Karen y me despedí de Karla.
La cena ya estaba preparada, comí sin muchas ganas, pensando el cómo le diría a Rafael acerca del contrato, el no tener una relación y el solo ser amigos, aunque él quisiera siempre ser algo más.
Note que mi nana se dio cuenta que me encontraba muy pensativa mas no me dijo nada, con el tiempo fue aprendiendo a leerme y si no comprendía mucho lo que veía, preguntar cuidadosamente o a veces ni siquiera preguntar.



-       ¿Pasa algo? – pregunto Luisa
-       ¿eh? No ¿Por qué?
-       Es solo que has estado suspirando todo el día – dijo – y cuando haces eso es que ocurre algo.
-       No es nada, no te preocupes
Nuestra plática interrumpió a la profesora de Literatura que estaba dando una explicación acerca de un libro de William Shakespeare, Romeo y Julieta
-       Señoritas ¿podrían guardar silencio? 
-       Si, lo sentimos – dijimos al unísono  
Mire el reloj que estaba en la parte superior derecha de la pared color olivo, marcaba la 1:25 p.m. solamente me bastaban unos 20 minutos para llegar a la fuente, aunque realmente no tenía muchas ganas de ir al lugar citado.

~Riiiiiiiiiiiiiiiiiiing~

-       Pueden irse – dijo la profesora
La única razón por la que me dirigía era que yo lo había citado
El llegar me tomo más tiempo, debido a que en la mayoría de los pasos la velocidad la disminuía con ganas de llegar tarde para que él se cansara de esperar y se fuese.
Cuando llegue, estaba con una chica, no sabía qué hacer, si debía huir, interrumpir o esperar. Yo no era del tipo que espera y no era correcto el interrumpir así que solo me quedaba una opción, huir.
Al girarme escuche mi nombre y al darme media vuelta, Rafael estaba parado junto a mí.
-       ­pensaba que tal vez no vendrías… - dijo con una sonrisa en el rostro
-       Yo te cite ¿Cómo no iba a venir?
-       Eso… eso es cierto… jeje lo siento – note que estaba algo nervioso, no sabía si era porque yo estaba ahí parada al frente de él o ¿era acaso que hablaba de algo incomodo con aquella chica?
-       ¿No deberías ir con tu amiga?
-       Si… pero… se perfectamente lo que me dirá, hace tiempo que note que le gusto, mas yo no siento nada por ella.
Mi pensar era diferente a lo de las chicas de su escuela, pues me contó que las chicas se declaraban a los hombres como si eso realmente estuviera bien.
Una chica siempre debía a darse a respetar y callar su amor a pesar de todo, ya si un hombre le correspondía y este se le declarara, solo entonces revelaría su amor, a mí, así se me fue inculcado, pero puede que a las demás personas no mucho.
-       Ve y escucha por lo menos lo que ella tenga que decirte
-       ¿eh?
-       ¡Nada de “¿eh?”! ¡Ve!
Lo empuje hasta que llego al lado de la chica, el realmente se veía incomodo.
Mientras ellos hablaban y me aleje lo suficiente como para no escuchar lo que decían, y me senté en una banca al lado de unos arbustos. Siempre había pensado que el amor era innecesario, en muchas ocasiones era de color rosa pero también en muchas otras solo ocasionan dolor y lagrimas. Yo prefería la tranquilidad de vivir con mujeres y simplemente no enamorarme de ninguna persona, sin sentir esa clase de sentimientos.
-       Regrese…
Pero desde que Rafael había aparecido, mi corazón realmente se agitaba demasiado, que cansado era todo esto.
-       …. ¿te gustaría…?
-       ¿uh?
-       ¿te gustaría ir a comer algo? – nuevamente se le notaba nervioso
-       Claro… ¿Por qué no?... pero tu pagas
Al decir esto su alegría fue demasiado obvia, sus ojos tenían una luminosidad que hacia un momento no se veía. ¿Realmente me quería? Me preguntaba.
Nos dirigimos a un pequeño restaurante que se encontraba en el centro de la ciudad, cercano a la fuente en la que nos encontrábamos, al parecer, Rafael ya conocía el lugar.
El restaurante era pequeño, pero agradable, colores pastel y tonos claros combinaban muy bien, tenían una gran variedad de postres, los cuales tenían muy buena pinta. Rafael escogió uno por mí mientras yo me sentaba en una de las mesas de madera adornadas con florecillas rojas.
Rafael llego con una copa con una especie de helado mezclado con frutillas.
-       ¡Delicioso! – era realmente delicioso, era dulce pero no tan empalagoso, como cuando corres a través de un verde campo de flores mientras sientes la fresca brisa chocar contra tus mejillas.
-       Sabía que te gustaría, por lo regular a las mujeres les gusta lo dulce n.n
-       ¿lo dedujiste porque soy mujer? Qué tontería.

Ya era tarde cuando Rafael me acompaño de regreso a casa, las luces de los faroles ya estaban encendidas y Karen debía estar preocupada. Al parecer no llamó a Karla para que le diese mi teléfono celular pues es el tipo de persona que no le gusta preocupar más gente de la debida.

-       …gracias… - dice sin pensar - … creo que fue… divertido… - mirando en otra dirección para que Rafael no notara el rubor en mi rostro.
-       … no es nada… ¿tus padres no se enfadaran contigo?
-       No lo creo – “creo que ni siquiera han llamado en todo el día” pensé
A mis padres no le interesaban mucho el cómo me encontraba, casi siempre llamaban para saber acerca de la casa o las cuotas del colegio, mas nunca para saber cómo me encontraba. Yo ya había asimilado todo eso cuando cumplí los 8 años y había visto a Karen como una figura materna, siempre ahí para mí.

Al detenerme dije – aquí es – Rafael se quedo sorprendido al ver la casa
-       ¡wow! Tu casa es realmente grande, pensaba que ya no había casas así por estos rumbos.
Me preguntaba que tenia de asombroso el tener una casa así si solamente la compartíamos mi nana y yo. La casa era de dos pisos. Teníamos una barda alrededor de toda la casa color marrón.
A un lado del portón de entrada se encontraba el timbre que conectaba con el teléfono de la casa, Karen contesto y su voz se oía realmente preocupada.
-       Te veo otro día – me dirigí a Rafael mientras mi nana se dirigía a abrir el portón y recibirme.
-       ¿te parece si nos vemos mañana?
-       …am… eso…
-       ¡Señorita! – interrumpió Karen – ¡Estaba tan preocupada! ¿Dónde estaba…? ¿eh? – fue entonces cuando se dio cuenta de la presencia de Rafael - ¿tu novio?
-       ¡Por supuesto que no, Karen! – dije con el rostro realmente enrojecido.
Después, Rafael se presento ante mi nana.
-       Mucho gusto, soy un pretendiente de Elena
-       ¡¿Cómo puedes decirlo así de fácil?! – le grite nerviosa a Rafael
-       Bueno… me tengo que ir… -  Al decir el “te veo mañana” Rafael se acerco a mi rostro y sentí el toque de sus labios dándome un tierno beso en la frente, en ese segundo me sentí protegida, pero a la vez realmente furiosa por hacer lo que él hace solo por el simple hecho de hacerlo. Realmente me enfurecía que demostrara tan fácilmente sus sentimientos -  ¡te veo en la fuente a las 2! – gritaba después de Salir corriendo antes de que le diera una bofetada por lo que había hecho.

Al  entrar a la casa Karen no paraba de hacer preguntar acerca de Rafael
-       Me parece un chico tierno – dijo
-       ¿Cómo puedes pensar eso?
-       ¡oh! ¡vamos! ¿Qué sentiste con ese beso?
Solamente me gire y dije “nada, en lo absoluto” aunque en realidad mi corazón palpitaba desbocado de los nervios. Después de haber subido a mi habitación grite “¡¿QUÉ RAYOS FUE TODO ESO?!”
Tenía pensado decirle acerca del contrato, pero todo lo que hablamos y la manera en cómo se despidió de mi fueron las causantes del porque no le dije nada. Ya no debíamos vernos, aun no debía tener sentimientos así acerca de nadie.
No quería sentir nada por el… el amor tenia sensaciones extrañas y ese mismo sentimiento abarcaba muchos más… pero…
¿Por qué? ¿Por qué el derrumbaba tan fácilmente los muros que colocaba entre nosotros?
No quería enamorarme… No ahora…

martes, 27 de agosto de 2013

Zahan y la Tierra~capitulo 2

Capitulo 2 <Encuentro>

...Rebeca...
Había sido una mala mañana, el cabello estaba terriblemente enredado y los días que se ponía así no eran buenos, solían pasar cosas extrañas o desagradables, ya fueran pequeñas o muy grandes. La última vez que había pasado eso, su padre había estado en el hospital un año entero, ¿Esta vez que ocurriría? El desayuno había sido normal y Josué no parecía haber estado nervioso como las primeras veces que había estado a solas con ella, tenia trabajando en la casa por lo menos 6 anos y parecía haberse acostumbrado al ambiente, ¿sería divertido hacerle una pequeña broma de mal gusto?
- Josué - Su rizado cabello se agito al girar su cabeza en mi dirección.
- ¿Si señorita? ¿Desea algo? - hizo una pequeña reverencia antes de esperar la petición
Sus ojos mostraban signos de claro escucha y al ver sus dedos llenos de vendas y pequeños curitas decidí no hacer nada, el preparaba cada comida de mi mesa, además que la noche anterior no tenía ni un solo rasguño.
- ¿Han llamado mis padres?
- No, solo enviaron la carta a la señorita
La carta, la había leído esa misma noche, con la misma ilusión que hacía muchos años siempre hacia cada que recibía algo de sus padres desde lejos, pero cada ano que pasaba se sentía cada vez mas sola, cada vez las cartas escritas llevaban menos sentimientos hacia ella.
Tome mi mochila y me dirigí hacia la entrada, que fue abierta por Ramón, uno de los sirvientes más viejos de la casa. Caminar de mi casa hacia la secundaria era el único ejercicio que podía hacer además que prefería pasar ese tiempo sola, sin la interrupción de nadie.
Después de tanto pensar, al girar en una de las esquinas de la cuadra de la escuela pude ver el amplio portón de la entrada, pero no eran los brillantes tubos lo que capto mi atención, sino una persona con una capucha negra parada a la espera de alguien, no podía ver su rostro, quise pasar de largo a través de los demás alumnos, aunque eran pocos, aun era temprano.
Una mano pálida y delgada se estiro hacia mi dirección y con una voz tranquila la negra silueta pronuncio "Cabellos como una cascada tan negra como la noche, ojos tan azules como el mar" la gente no lo miraba, no lo escuchaba, no me había percatado que iba en dirección de la silueta negra pero no pude detenerme, en su mano me tendía una gema de color azul brillante, no había visto ningún color igual, podría decirse que salía una luz de su interior tan propia como la luz que alumbraba el sol cada mañana. La gema era cálida cuando mis dedos las rosaron, pero la otra mano de la silueta impidió que la apartara, cuando pude ver sus ojos dorados, de alguna forma desapareció.
Y entonces quede solamente yo con una hermosa piedra en las manos.

...Raquel...
Haber hablado con Rebeca el día anterior se sentía extraño, había escuchado demasiados rumores en la escuela acerca de ella, pero cada rumor la hacía ver alguien fría y sin piedad de nadie, pero la imagen que tenía yo era de alguien frágil, todos lo habíamos visto la pasada navidad. Jimena me había dicho que Gabriel se encontraba en el edificio de los de tercer grado entregando unos documentos, pero al maestro de gimnasia no le importaba nada y me había enviado en su busca para que entrara a la clase. Sin duda alguna lo encontré, resaltaba demasiado como para no ser visto, pero más llamaba la atención cuando te dabas cuenta de quien tenía sus brazos alrededor de su pecho, Rebeca.
Su espalda se movía entrecortada, lo más probable es que ella estuviese llorando, pero no sabía ni la causa, ni la razón, ni mucho menos el motivo, solo puede ver los ojos de Gabriel que se encontraron con los míos, no supe la expresión de mi rostro en ese momento, solo sabía que la de él, era de preocupación. Hui, salte la clase y llore, no podía pensar la razón, solo sentía el dolor de mi pecho, hasta que termine, me di cuenta que estaba enamorada de Gabriel.
Una nota llego a mi pupitre, la letra era delicada y bien cuidada, parecía la de un príncipe y estaba firmada por Gabriel, decía que buscara algo inusual en el banco, específicamente en la parte debajo de la paleta, donde se podían guardar algunos libros. No fue difícil encontrar un boleto de una exposición sobre mitología que se haría en el museo esa misma tarde.
Terminada la última hora de clase se dirigió a mi banco.
- ¿Te gustaría ir conmigo? - Como decirle no a ese rostro que notaba tanto nerviosismo, su rostro estaba levemente enrojecido y sus ojos no paraban de ver hacia todas partes mientras esperaba la respuesta, pero no es que no quisiera responder, sino que su tímida y encantadora sonrisa me dejaba sin poder articular una sola palabra
- claro, ¿dónde nos vemos? - A juzgar por la expresión de Jimena, sabía que algo iba por buen camino y se fue a casa antes de que pudiese terminar de hablar con Gabriel, pues seguro sabía que no lo interrumpiría.
Mi llegada a casa fue lo normal, mis papas dejaron una nota de que ambos llegarían tarde y mi hermano mayor seguro había salido con su reciente novia así que dejo una nota de disculpa sobre mi cama y un aviso sobre la comida, me cambie de ropa, no tenía idea de que ponerme, había un vestido que yo adoraba, pero por más que lo buscaba no estaba donde lo había dejado por última vez, así que tuve que improvisar lo que me pondría, una blusa lila se topo con mis ojos miel, entonces busque sin mucho esfuerzo mi cinturón morado y mi falda de mezclilla, las zapatillas del armario quedaban perfectas.
Gabriel ya estaba en el sitio que habíamos acordado, aun era temprano con respecto a la hora a la que habíamos acordado, pero igual entramos, había demasiadas cosas con respecto al tema base, tantos cuadros, esculturas, jarrones y demás. Inclusive hablaban de dragones, había unas cuantas esculturas, estaban hermosamente detalladas, tanto que causaba temor, los ojos parecían mirarte verdaderamente, de manera que no podías mirarlo una segunda vez. Lo intente muchas veces, pero no podía y en mi último intento en lugar de girar nuevamente hacia el negro dragón esculpido delante de mí, mire hacia una figura negra que se movía entre la gente, iba hacia mí, a pesar de su aspecto nadie lo veía, susurraba algo, sus pálidos labios parecían dictar un hechizo, pero nadie lo escuchaba, para cuando estuve frente a él me di cuenta enteramente de su dorada mirada y su voz madura diciendo "Cabello cual dulce néctar y ojos brillantes como el sol, intermediaria entre la alegría y la tranquilidad" su tibia mano coloco una piedra tibia de color cobrizo, se sentía cálida en mi mano, pero cuando quise mirar de nuevo esos ojos dorados, no había nadie, solo yo y la multitud, cada quien caminado hacia todos lados.

...Andrea...
Al término de la última hora de clase me dirigí hacia los grupos de primero, ya casi seria San Valentín y había quedado de acompañar a Karen al centro, ese día habíamos salido temprano, por lo que aun tenía mucho tiempo para visitar algunas tiendas y volver al trabajo.
Karen era de las primeras de la lista así que salía rápido y no se detenía a despedirse de mucha gente, solo con pequeño asentimiento con la cabeza decía "hasta mañana" y se iba.
- ¿Nos vamos?
- ¡Sí! - dijo nuevamente con esa tierna sonrisa que hacía que el mundo pareciese demasiado malo para su existencia tan dulce y frágil.
Caminamos alrededor de muchas tiendas, pero ella no se detenía a mirarlas, era como si ya supiese a donde iba, como si lo que fuese a comprar estuviera en tiendas tan reconocidas como Sears y Liverpool, seguimos caminando, la avenida  Juárez era larga, pero ella no paraba de caminar, llegamos hasta Ruperto Martínez.
- Regresemos, es esa calle de allá
"Oh, con que eso era" pensé, había estado recordando el camino para llegar a aquel punto.
Su rostro parecía pálido. - ¿Puedes regresar sin mi? - pregunto
- Eh? aún es temprano así que...
- Es solo que... quiero estar a solas - Su mirada era triste, pero se esforzó en mostrarme una sonrisa, aunque era doloroso verla de ese modo, si ella no quería mencionar nada, no había forma en que yo la hiciese hablar sobre ello.
Me sentí triste, pero ni eso evito que notara la figura negra que estaba parada al lado de la tienda, esperando la llegada de alguien, la gente a su alrededor se daba cuenta de su presencia ni de las palabras que salían de sus labios.
- Cabellos rojos como fuego, alegría que quema la salada oscuridad y cielos que con su mirada alegran el día - dijo, sin saber cómo ya estaba parada frente a frente, tenia ojos como el oro y en mi mano poso una circular gema verdosa, era un verde desconocido a mis ojos, tan brillante como la esmeralda, de alguna forma era cálida, parecía latir en mi mano, pero al girarme para ver de nuevo a esa figura me encontré sola, la gente pasaba como si nada hubiera ocurrido en el lugar y Karen seguía haciendo sus compras a través de la ventana del aparador.