jueves, 21 de enero de 2016

El gato y el dragón.

Érase una vez, un dragón, era grande, colosal, estaba lleno de soledad, tantas batallas había librado, que sus escamas eran gruesas y duras al tacto, muy lastimado iba, fuerte y vigoroso, pero tan solo.

El dragón nunca había podido amar  a alguien como a aquel gato. Si, un gato.

Era pequeño, empático, tan suave y delicado, que el dragón tenía miedo de lastimarlo. Pero le demostraba sus sentimientos en un sinfín de formas, una vez le regalo chocolate, otra pizza, incluso collares que solo el dragón podía costearse.
Sin embargo, el dragón solo pudo vivir en el pasado del gato.

El gato había tenido ya múltiples amantes, en busca de un amor verdadero, pero el dragón no entendía la necesidad de amor del gato y a pesar de que el gato amaba sin duda alguna al dragón, éste, solo le reprochaba su pasado.

Entonces el gato empezó a sentir su propia soledad, a parte de la del dragón, ya no disfrutaba la compañía del dragón como antes, pero igual no se iba de su lado porque lo amaba sin lugar a dudas.

El dragón amaba al gato.

El gato amaba al dragón.

Pero el dragón solo vivió en su pasado.


Y el gato murió de soledad.

sábado, 18 de enero de 2014

La luz de la mirada cap 7

CAPITULO 7: DESCUBIERTA

Karla había tardado mucho tiempo en venir a avisarme si ya el auditorio estaba vacío o no, así que decidí cambiarme de una buena vez y al terminar, ir a buscarla sacando cualquier pretexto que pudiera inventarme.

La ropa que debía ponerme debía ser demasiado diferente a la de la que usaba para los conciertos, el nunca usar faldas cortas o con ondas no era realmente mi estilo, pero era lo más femenino que podía usar, debido a que la ropa que usaba eran colores oscuros, pantalones o shorts y playeras junto con chaquetas de cuero, siempre con mis pequeños aretes plateados.

Esa noche use un vestido de corte sencillo color rosa mexicano junto con un suéter negro. Terminando de vestirme tenía pensado ir directo a la oficina de Karla, pero al salir del vestidor, Marco estaba a punto de tocar la puerta y con una cara atónita debido a que no me conocía y ya no llevaba puesta la peluca, aun si entraba en el vestidor, la peluca la llevaba siempre conmigo en mi bolsa.

-       Este es el vestidor de Soledad, ¿Qué hace usted aquí?
-       Soy una admiradora, pero ella no se encuentra aquí así que me iré – simplemente pase a su lado sin siquiera mirarlo al rostro y disimulando mi voz para que no la notara igual a la de mi otro yo.

El simplemente se quedo mirándome más tiempo, pero no dijo nada, pensaba que el realmente se había tragado el cuento, pero a la mañana siguiente Karla me llamo al móvil y me dijo que Marco le había mencionado que la noche anterior vio salir de mi vestidor a una chica y esperaba que no hubieran robado nada del lugar.
Mi manager me prohibió salir de mi vestidor hasta que ella viniese a avisarme de que absolutamente todas las personas del lugar se hubieran ido, tenía prohibido salir y hubo un tiempo en el que inclusive ponían algún guardia vigilando en la puerta.

En ese entonces mis padres aun me llevaban a clases de violín y piano, a pesar de que ya había ganado algunos trofeos y de que mis profesores ya les habían dicho que era un nivel ya profesional, ellos continuaron hasta que ya no fueron a los recitales en los que tocaba.

Como mis padres no me recogían, ni nunca me llevaban a ninguna parte, ni por más cercana que fuera, debido al trabajo, así que nunca tenían mucho tiempo para mi, en los recitales, no duraban mucho tiempo y era raro que se quedaran si quiera hasta la mitad de las canciones que tocaba, pero con el que fuesen, yo, era feliz.

Cuando iba de camino a mi casa, pasando por un parque, había un solitario muchacho de más o menos mi edad sentado en una de las bancas, pensativo. Tenía ideado pasar de largo pues era un total desconocido para mí y tampoco me iba a detener a averiguar si lo conocía o no, si era un chico, lo menos que tenía que hacer era mirarlo; pero después de un momento de dar la vuelta al parque, sentí una mano sujetar mi brazo, obligándome a girarme y  verle el rostro.
Era Marco.
Sus ojos se veían agitados y con una intención de querer interrogarme hasta el cansancio, hasta sacar la última gota de información que tuviese sobre lo que quisiese preguntar.

-       Tu estas la otra noche en el vestuario ¿no es así? – dijo después de haber clamado un poco su repentina reacción hacia mí.
-       ¿eh? – lo último que quería era que él me descubriese, fue entonces que desde el comienzo tenía que disimular mi voz, usando un tono más dulce, como el de la típica niña rica sin sentido de la dureza.
-       No digas “¿eh?”, yo te vi – su tono era algo duro, como si estuviese enojado.
-       Bueno… yo… lamento si molesté de alguna forma… - tenía que hacer lo que estuviese a mi alcance para hacer más corta la conversación, lo último que me hubiera gustado hacer era entablar una amistad con un hombre.
-       ¿Qué buscabas?
-       Yo… solo… buscaba a Soledad…

Después de un largo interrogatorio Marco de notaba más tranquilo, como si el que le hubiera dicho mis supuestas intenciones le tranquilizara un poco. Pero al parecer lo que el tenia era preocupación de que a mí me hubiese ocurrido algo o a mis cosas.
Sin darnos cuenta, la conversación había dado un giro inesperado terminamos platicando de cosas nuestras, sin pensarlo, le había tomado cariño y finalmente nos hicimos amigos, pero era agradable tener una compañía fuera de Karen, Karla y mis amigas del Instituto.

De repente me pregunto que si sabia cantar, a lo que conteste con lo que era en parte una mentira porque en la mayoría era verdad, que cantaba horriblemente y que por ello prefería tocar el violín, pero que a petición de mis padres también había aprendido a tocar el piano. Hubo un tiempo en el que nos mensajeábamos demasiado, era como el no despegarse del móvil en todo el día, pero de repente ya no contestaba mis mensajes e incluso yo veía tarde los mensajes que él me contestaba.

Fue entonces que me dijo que ya no debíamos vernos, a lo que quise que me diera una razón, pero prefería callar y dejarle ir, ya había desobedecido demasiado a mi primera norma de no relacionarme demasiado con los hombres y ahora que se iba, le extrañaba demasiado.

No podía contenerme y llore delante de él, de la manera más indefensa que hubiera visto de mi misma, se disculpo hasta que el también rompió en llanto junto a mí, pero solamente podíamos separarnos y dejar de lado todo lo que había pasado entre nosotros.
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Vino nuevamente a mi mente el contrato, esa debía de haber sido la razón por la cual, Marco se había distanciado de mí, sentía muchas ganas de poder decirle quien era yo realmente pero debía callar. Era un secreto y así seria hasta que tuviese la confianza de salir al mundo y decir quién era yo.
Todo debía ser guardado y no debía pronunciar objeción alguna, debía callar y simplemente aceptar esa decisión tomada.

El contrato, el contrato, siempre lo había antepuesto a todo sin importar la circunstancia pero en ese momento mi corazón quería simplemente tirar todo por la borda, pero esa no era la decisión que él había tomado, así que solo tome la elección que me había ofrecido.

lunes, 30 de diciembre de 2013

La luz de la mirada Cap 6 parte 2

El hacía que mis intentos fueran en vano. Derrumbaba tan fácilmente los muros que forjaba a través de nosotros y cuando no quería verlo simplemente aparecía de la nada, como si siempre supiera a donde voy o vengo.
-       No… no tiene nada de malo…
-       ¿¡entonces?! ¿¡porque no podemos salir?!
Me tomo con ambos brazo de los hombros e intentaba cruzar su mirada con la mía, a lo que respondí cerrando los ojos.
-       El contrato marca no tener una relación con alguien hasta tener el rating marcado, no importa si está en su forma de cantante o cotidiana…

No podía mirarlo, sabía perfectamente cuál era la expresión de su rostro, la cual era de tristeza, dicho todo esto, el tendría dos opciones a realizar, dejarme ahí, olvidarme o seguir queriéndome e insistiendo que fuésemos algo.
-       Entiendo… - aquí iba – entonces, sigámonos tratando un poco mas ¿si?
-       ¿Qué?
 Esa no era una respuesta que alguien daría, o te das por vencido o sigues insistiendo, pero él no hiso ninguna de las dos, el mismo decidió quedarse a mi lado como un amigo y esperar pacientemente. ¿Cómo iba yo a saber que él era del tipo de chico comprensivo y cariñoso si la primera vez que intente hablar, el me había besado?
-       Si…
-       ¡¿de verdad?! – sus ojos se veían muy felices
-       Si, solo no te sobre pases y todo estará bien ¿okay?
-       ¡si! – era realmente como un feliz perro salvado de la oscuridad.

Después de haber llegado con los demás, Laura y Luisa estaban platicando con dos chicos, el instituto ya estaba casi vacío, estaba oscuro y los directores no daban signos de que iban a salir dentro de poco.
Al llegar donde todos estaban, uno de los chicos se me hacia conocido, pero en la dirección en la que estaba situado la luz golpeaba exactamente sobre su espalda, algo que hacía que no pudiese mirar su rostro muy bien, pero si me le quedaba viendo demasiado tiempo, Rafael se pondría celoso y en los demás levantaría sospechas.
Pasado un buen tiempo de charla decidimos dirigirnos nuevamente a nuestras casas, Laura, Lucia y Raúl vivían en la misma dirección, así que se fueron juntos, algo que a Lucia y a Raúl les afectaba mucho, les agradaba estar juntos, se notaba en sus rostros, mientras tanto Laura, seguramente no estaba consciente de nada de eso, solía ser demasiado despistada para ese tipo de cosas.
Rafael, al igual que el chico, ambos vivían en dirección a mi casa, así que termine siendo acompañada por ellos.
Pasado un buen rato, me sentía estresada, no había conversación y ambos iban a mis costados, Rafael no me quitaba la vista de encima y el muchacho simplemente era un caballero y no hacia ningún comentario acerca de mí.
-       Hoy te viste hermosa, Elena – dijo Rafael, después de haberse contenido por un buen rato.
-       ¿eh? Ah… gracias – me sentía tonta, que un chico me dijese que era linda siempre causaba efecto y como no estaba acostumbrada a relacionarme con los chicos, mucho menos lo estaba.
De repente vinieron a mi mente los chicos de la banda, los veía siempre en los conciertos, pero nunca nos relacionábamos mucho y de lo único que siempre conversábamos era de las notas de la música o cuando surgían discusiones y tenía que intervenir, pero cuando eso no bastaba, nuestra manager tenía que meterse y lograr la paz.

Me di cuenta que a pesar de estar relacionados, no los conocía de nada, sin embargo, fuera de mí ellos se conocían muy bien y tenía pláticas realmente compartidas, inclusive habían intentado meterme en algunas conversaciones, pero en esos tiempos no solía querer relacionarme siquiera con algún hombre.

-       ¿pasa algo? – pregunto Rafael y eso llamo la atención del muchacho
-       N-no, no pasa nada – dije sin mirarlo, mi rostro debía haber tenido alguna expresión triste como para que se comportara de esa manera.
-       ¿estás segura de eso? – insistió
-       ¡déjame en paz! ¡esto no tiene nada que ver contigo! – cuando me gire la luz chocaba contra los ojos de aquel muchacho y pude ver el tono miel que tenían – Marco… - pronuncie.
-        
Sus ojos me recordaban al guitarrista de mi banda, fue entonces que el muchacho sujetó mi brazo….
-       Tu… eres tu ¿no es así?  – pronuncio.
-       Ah… yo solo…- tenía que pensar en algo, pero mis labios no pronunciaban nada.
Nunca había visto a Marco de esa forma, como si realmente quisiera una respuesta, pero lo que le había contestado no era realmente una respuesta.

Cuando llegamos a mi casa igual que Rafael, la expresión de Marco era la misma, pero él no dijo nada, simplemente se ahorro los comentarios.
Karen abrió el portón y me dejo entrar, saludo a mis dos acompañantes y agradeció el que me hayan traído hasta la casa. Noté que Marco no me quitaba la mirada de encima, como si sospechara de mí de alguna forma y esperaba que Rafael no metiera la pata después de haberse ido.
Entrando a la casa Karen me pregunto cómo nos había ido en la competición y le conté todo, incluso acerca de lo que hable con Rafael y de lo que creía de Marco.
Lo que había ocurrido en el vestidor con Marco había sido difícil, y el que me lo hubiera encontrado nuevamente fuera de los conciertos no era para nada de buena suerte. 

Zahan y la Tierra Capitulo 6

...Raquel...
Esos verdes ojos que tanto amaba recorrieron lentamente mi espalda, el escalofrío que me dió al recoger las latas de refresco de la máquina expendedora me señaló la presencia de una mirada fija.
Al girarme ahí estaba Gabriel, aun mas guapo de lo que solía verlo, sin el uniforme parecía aun mas joven y hermoso en todos los rincones de su ser.
Descubrí que al no apartar mis ojos sus mejillas se tornaron un poco rojas, pero con los destellos de luz del concierto y el anochecer no podía detectarlo del todo.
Comenzó a acercarse, descubriendo así mi nerviosismo y mi incapacidad de mantener su mirada, el rostro lo sentía demasiado caliente y ni siquiera las frías latas podían ayudarme, esa deliciosa necesidad de tocarlo nuevamente acudió a mi pero logre mantenerme quieta hasta su llegada.
Frente a frente.
De pronto el mundo desapareció, las latas de refresco cayeron al suelo y solo pude sentir el calor de sus brazos mientras rodeaban mi cuerpo, escuchaba un latir frenético pero no sabia si era el de él o el mio, que no podía creer el momento en el que se encontraba.
El abrazo duró unos minutos y podía escuchar las grandes bocanadas de aire que Gabriel tomaba para suspirar, hasta que llegó el momento en que pude escuchar su dulce voz.
- ¡Me gustas! - La frase hizo eco en mi cabeza, pero mi cerebro no lograba procesar aquellas palabras, ni siquiera los colores llegaron pronto a mi rostro hasta que Gabriel deshizo el abrazo, sujetando mis dos brazos para verme la cara.
En cuanto pude balbucear algo, mi rostro se encontraba rojo y en mi intento de devolver la frase otra voz tan familiar interrumpió aquel delicioso momento...
- ¡Raquel! - Era David, la cabellera negra estaba oculta en la capucha de la sudadera roja que llevaba puesta, pero de esa manera no podía ocultar su enojo. A pesar de ser mi dragón, no había podido albergar sentimientos fuertes por él, era tierno y frió a su vez, pero no era del tipo de chico del cual me enamorase.
Al volver la mirada hacia Gabriel, su rostro denotaba dolor y una fuerte punzada golpeó mi pecho.
- ¿Es tu novio? - Preguntó con voz triste pero sin dejar de mirarme.
- ¡No! ¡Nunca! - Negué en cuanto la voz salió de mi garganta.
Nuevamente alguien interrumpió la complicada situación.
- ¡Raquel! ¿Que pasó? - Ignoró a los dos muchachos y me arrastró en dirección hacia el centro del público, solo pude girarme a ver por ultima vez la suplicante mirada de Gabriel...

...Karen...
Los resplandecientes rayos de luz que me despertaron provenían del foco de la habitación, mi madre había logrado entrar a la habitación en completo silencio y ahora me encontraba en un grave problema a mediados de las cuatro de la mañana.
"¡¿Quien es este joven?!". Había hecho esa pregunta a gritos, pero Eduardo fue lo suficiente ágil para hacer algún comentario acerca de su situación. Mintió acerca de ser huérfano y que yo ya le conocía desde hacia muchos años, que yo lo había acogido en casa debido a su perdida de vivienda en la que se encontraba hospedado, quedándose en mi habitación hasta poder encontrar un nuevo empleo y hogar.
Mi madre creyó todo aquello, no sin tener aun sus dudas, pero decidió acogerlo durante un corto lapso de tiempo.
El sueño me hacia bostezar a cada momento y ni el baño con agua fría lograba disipar el deseo de volver a dormir, la fiebre había desaparecido como apareció y ahora podría conocer al resto de las chicas que formaban parte de nuestro secreto.
¡PUM!
Un fuerte golpe sonó desde otro lado de la pared, la habitación de Andrea quedaba contigua a la mía a pesar de estar en diferentes departamentos. La preocupación se hizo presente y en cuanto estuve lista para asistir al colegio me dirigí al apartamento de al lado.
Pasaron unos minutos para que Andrea saliera, pero a pesar de su relajada y enérgica personalidad, noté cierto nerviosismo en su mirada cuando salió.
- ¿Nos vamos? - Dijo con su sonrisa habitual.
- Si - Correspondí la sonrisa.

...Rebeca...
Mi cabello había amanecido rebelde, no podía acomodarlo como solía hacerlo y eso solo indicaba que un mal día estaba por avecinarse. El ultimo día que había estado así había sido un día horrible aunque ya hubiesen pasado años desde aquel 14 de febrero. Recordaba perfectamente la fecha, el día que mi madre fue encontrada. Aun podía ver claramente aquellos labios morados y la piel pálida.
Unos meses antes ella había estado en un hermoso y prestigioso concierto de violonchelo en Buenos Aires, pero ella nunca regresó. En su lugar una llamada telefónica notificó su secuestro. Se pedía demasiado dinero y mi padre no lo tenia. Mamá era la fuente principal de ingresos en casa.

El pensar en todo  ese pasado aun dolía y no era demasiado fácil contener las lágrimas en medio de tanta gente.
Una suave tela roja tapó por completo mi visión, haciendo que retrocediera unos cuantos pasos hasta chocar contra alguien mas alto que yo. Imagine que seria Andrea, por lo regular ella hacia ese tipo de cosas, pero al girarme encontré unos ojos azules.
- Josue te dijo que el clima refrescaría - Dijo mientras acomodaba la bufanda alrededor de mi cuello.

Flor marchita Capitulo 8

Capítulo 8 La caída fue dura, aún sentía el golpe del suelo contra mi cabeza, pero una mano tenía bien sujeta mi boca y mi cuerpo a la oscuridad de la habitación. 
Podía escuchar perfectamente su respiración, sentía miedo como una chica pero sentía aún más miedo de que el mundo se enterara de mi cuerpo varonil. 
Claudia cayó al suelo justo después de que alguien me arrastrara hacia la oscuridad y en cuanto se incorporó comenzó a buscarme y llamarme, como el generador estaba apagado, no podía encender las luces y palpaba la oscuridad, hasta que llegó un momento de enojo, haciendo que saliera por la puerta principal, entonces la mano me soltó, pero rápidamente volvió a tomar mi mano, guiándome fuera del negocio.
La luz de luna iluminó el rostro del joven frente a mi, pero como me daba la espalda sólo lograba observar la cabellera.
- ¿Marco? ¿Que haces aquí?
No respondió a mi cuestión y al salir del negocio y cruzar a la siguiente calle pude observar que la tienda cobraba vida, claudia había ido a encender el generador.
La mano de Marco siguió sujetándome mientras caminábamos en dirección a los dormitorios, sentía la necesidad de preguntar nuevamente el porque de su presencia en aquel lugar.
- ¿Por qué...? - Te escuché la primera vez que preguntaste. - ¿entonces...? - Porque no llegabas, sales a las 8 ¿No?
Su rostro era totalmente serio, no podía entender que era lo que le había traído hasta el negocio a estas horas.
- ¿Como lo sabes? - Los primeros días que compartimos habitación llegabas temprano, mucho antes de que me fuese a dormir.
Entonces no era coincidencia que el estuviese en el momento justo.
- Entiendo...

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Flor marchita capitulo 7

Capítulo 7 
Claudia comienza a tardar más tiempo en irse a casa y pienso que ha comenzado a sospechar que se acerca de su interés por mi. 
Salgo del vestidor y me encuentro con los brillantes ojos miel, casi parecían amarillos bajo la escasa luz. 
- ¿Quieres que nos vayamos juntas? 
De nuevo esa mirada, me causaba escalofríos y no me agradaba cuando nos encontrábamos solas. 
Su delgada mano acaricia mi brazo izquierdo 
-¿Pasa algo?- noto que buscaba más un contacto físico que preocupación.
-no... Estoy bien... - miro el reloj que está al lado mío y las manecillas marcan ya las 10 de la noche, ya habían pasado 2 horas desde el termino de nuestro trabajo.
No deseo acompañarla, pero tampoco quiero parecer grosera, así que solamente me quedo quieta sin decir nada. 
El silencio comienza a ser molesto y su mirada en ningún momento se aparta de mi, comienzo a sentir una extraña sensación de miedo, pero un golpe al portón de metal me sobresalta y camino hacia la entrada no sin antes dar una rápida mirada a claudia, que nuestra una expresión de fastidio. 
El recibidor de trabajadores estaba totalmente rodeado por la noche, y débilmente puedo notar una figura en el. Parece alta, pero la oscuridad hace que difícilmente consigas ver realmente algo.
Escucho pasos atrás de mi y veo los brillantes ojos miel, los cuales no se percatan de la negra silueta.
-¿Lo vez? No hay nadie...- dijo antes de acercar su mano a mi pecho, pero como me doy cuenta la evito. -¿Por qué me rechazas?- pregunta con una voz sensual, una voz que no había escuchado nunca. 
Como no respondo me nuestra una sonrisa burlona y sujeta mi rostro sin medir su fuerza, provocando mi sorpresa, mostrándome una fuerza que no pensaba de ella. 
A unos centímetros de su rostro una mano estiró mi hombro derecho hacia atrás, haciendo que cayera de espaldas al suelo, pero Claudia no me soltó y sería muy malo que cayese sobre mi, se daría cuenta de todo.

La luz de la mirada: Capitulo 6 parte 1

CAPITULO 6: AMOR

Después de unas horas cerraron los puestos y Luisa no parecía estar en ningún lado. Laura y yo la buscamos por todas partes pero no había ni rastro de ella, preguntamos a todos por ella y Rafael, nuestra única pista para llegar a ella, pero nadie sabía nada y los autobuses solo estaban esperando la orden del director para partir.
-       ¿están perdidas? – pregunto una voz que mas que ayudar, se notaba que buscaba ligar con alguna chica, me era familiar y al girarme vi los pupilentes morados, era Raúl.
-       Tu eres Raúl ¿verdad? – pregunto Laura
-       ¿me conoces? – pregunto simulando no saber el por que
-       Si, eres el bajista de la banda “MiraLuz” – dijo con tono emocionado.
Después de un rato, Raúl me había unido a la conversación, pero se notaba diferente, lo que más imaginaba era que intentaría flirtear conmigo o usar una voz coqueta, pero se había centrado en platicar con Laura y no se notaba coqueto, sino tranquilo y con una charla normal ¿Qué estaba pasando?
No le tome mucha importancia y mientras ellos charlaban, yo miraba en todas direcciones haber si encontraba a Luisa o a Rafael, sentía que quería disculparme por no haber puesto resistencia a alejarme de él, pero a la vez no quería que el pensara otra cosa sobre nosotros.
Laura se daba cuenta de mi preocupación, pero no sabía a quien realmente buscaba, por ello decidió preguntarle a Raúl.
-       ¿Has visto a una chica pelirroja de ojos azul rey junto a un chico de cabello negro y ojos esmeralda?
-       ¿ojos esmeraldas? El único con esos ojos es Rafael, pero no le he visto, pensaba que había ido a buscar a la Princesa Ramson, pero ella está aquí asi que no tengo idea
-       Bueno, gracias
Laura ni yo teníamos la menor idea de que hacer y Luisa había dejado el móvil en casa, nos lo había comentado en el camino y yo no tenía el número de Rafael
-       ¿quieren que le llame al móvil? – pregunto Raúl, nunca le había visto tan caballeroso frente a una chica
-       ¿lo tienes?
-       Si
-       Si no es mucha molestia…
Marcó el número y después de algunos segundos…
-       ¿Rafael? ¿Dónde estás?....... aja…… aja…. umm…. Okay, ¿estás con una tal Luisa?.....  a okay, quédate ahí, vamos para allá
-       ¿Qué te dijo? – dijimos Laura y yo al unísono
-       Esta cerca de los autobuses junto con su amiga

El llegar nos había costado un poco, pues nos encontrábamos del otro lado del instituto y había aun mucha gente recogiendo las cosas que habían quedado del festival, otras simplemente andaban vagando, comiendo algunas de las sobras que habían quedado de los puestos.
Raúl quería hablar con Rafael y había decidido acompañarnos y en todo el camino había preguntado demasiadas cosas, las cuales, Rafael, le había contado. El cómo nos conocimos, mi personalidad, mis gustos en dulces y el beso.
Laura se veía interesada en Raúl, mas no se lo mostraba mucho a este, solo lo note yo al ver como lo miraba embelesada cuando el miraba en otra dirección.
-       “Era tan fácil para ellos el poder ser pareja”… - pensé.
Lo más difícil de ser una cantante no era el tener que esconder mi verdadera persona o escribir canciones en tan poco tiempo, ni mucho menos asistir a los conciertos sin que se juntaran con clases, lo más difícil era el hecho de no poder relacionarme con ningún hombre hasta alcanzar un alto rating. Lo cual estaba logrando, pero a paso lento y eso era estresante.
Karla no aceptaría que yo salga con alguien fuera de sus órdenes, no tendrían fin los sermones que me pondría. Además que sabía que debía esperar, solo medio o un año más y podría ser libre de salir con quien quisiera, siempre y cuando que esa persona fuese de fiar y no dijese nada acerca de quién era yo realmente o que no preguntase tanto de mis múltiples salidas.

Al llegar al estacionamiento, Rafael y Luisa nos estaban esperando con caras serias, algo raro había pasado, Luisa nunca ponía una cara así y mucho menos a alguien que acabase de conocer, pero en cuanto nos vieron, Luisa le murmuro algo al oído, como si a esa distancia pudiéramos escuchar algo. Pero en cuanto llegamos a ellos Luis sonrió y me estiro junto con Rafael hacia detrás de uno de los autobuses.
-      Ahora, hablen, mientras iré con Laura – dicho esto, Luisa dio media vuelta y se fue en dirección a Laura y Raúl. ¿Qué debíamos hablar? No tenía ningún sentido, pero antes de que pudiera articular cualquier cosa Rafael empezó a llorar.
-       ¿Qué-que pasa? ¡¿Por qué lloras?!
-       No te gusto ¿no es así?
-     ¡Espera! ¡¿de qué hablas?! – Rafael intentaba no mirarme, quizá escondiendo sus evidentes lágrimas de mí, pero realmente no entendía lo que pasaba en ese momento.
-     Cuando… cuando Laura te ha estirado, no opusiste resistencia ni mucho menos volteaste hacia nosotros… Luisa… realmente estaba sentida, pensaba que habíais abandonado ahí
-     Bueno… eso… - no sabía que le podía contestar, el que Luisa pensase eso me afectaba mucho, siempre había estado ella para mí y el que lo le hiciera eso debía de haberle dolido mucho.
Rafael veía que no tenía realmente una respuesta a eso y prosiguió con el otro tema, el cual se le veía que estaba en la punta de la lengua.
-       Además… quería pasar un tiempo contigo en el festival…
Esas palabras me habían sorprendido, hacia unas horas, el se mostraba dudoso y tímido, pero ahora se mostraba decidido a decir y hacer cualquier cosa.
-       Ya te he dicho acerca del contrato que tengo ¿no? Por favor, ya no insistas
-       ¡Pero te quiero! ¿¡qué tiene eso de malo?!
Esa respuesta me había asustado, siempre me decía de un lado a otro “te quiero, te quiero”, esas palabras…. Realmente no sabía cómo reaccionar ante ellas y mi corazón daba vuelcos a cada que el pronunciaba eso. No quería enamorarme, pero el…. El hacía que mis intentos fueran en vano. Derrumbaba tan fácilmente los muros que forjaba a través de nosotros y cuando no quería verlo simplemente aparecía de la nada, como si siempre supiera a donde voy o vengo.