El hacía que mis intentos fueran en vano. Derrumbaba tan fácilmente los muros que forjaba a través de nosotros y cuando no quería verlo simplemente aparecía de la nada, como si siempre supiera a donde voy o vengo.
- No… no tiene nada de malo…
- ¿¡entonces?! ¿¡porque no podemos salir?!
Me tomo con ambos brazo de los hombros e intentaba cruzar su mirada con la mía, a lo que respondí cerrando los ojos.
- El contrato marca no tener una relación con alguien hasta tener el rating marcado, no importa si está en su forma de cantante o cotidiana…
No podía mirarlo, sabía perfectamente cuál era la expresión de su rostro, la cual era de tristeza, dicho todo esto, el tendría dos opciones a realizar, dejarme ahí, olvidarme o seguir queriéndome e insistiendo que fuésemos algo.
- Entiendo… - aquí iba – entonces, sigámonos tratando un poco mas ¿si?
- ¿Qué?
Esa no era una respuesta que alguien daría, o te das por vencido o sigues insistiendo, pero él no hiso ninguna de las dos, el mismo decidió quedarse a mi lado como un amigo y esperar pacientemente. ¿Cómo iba yo a saber que él era del tipo de chico comprensivo y cariñoso si la primera vez que intente hablar, el me había besado?
- Si…
- ¡¿de verdad?! – sus ojos se veían muy felices
- Si, solo no te sobre pases y todo estará bien ¿okay?
- ¡si! – era realmente como un feliz perro salvado de la oscuridad.
Después de haber llegado con los demás, Laura y Luisa estaban platicando con dos chicos, el instituto ya estaba casi vacío, estaba oscuro y los directores no daban signos de que iban a salir dentro de poco.
Al llegar donde todos estaban, uno de los chicos se me hacia conocido, pero en la dirección en la que estaba situado la luz golpeaba exactamente sobre su espalda, algo que hacía que no pudiese mirar su rostro muy bien, pero si me le quedaba viendo demasiado tiempo, Rafael se pondría celoso y en los demás levantaría sospechas.
Pasado un buen tiempo de charla decidimos dirigirnos nuevamente a nuestras casas, Laura, Lucia y Raúl vivían en la misma dirección, así que se fueron juntos, algo que a Lucia y a Raúl les afectaba mucho, les agradaba estar juntos, se notaba en sus rostros, mientras tanto Laura, seguramente no estaba consciente de nada de eso, solía ser demasiado despistada para ese tipo de cosas.
Rafael, al igual que el chico, ambos vivían en dirección a mi casa, así que termine siendo acompañada por ellos.
Pasado un buen rato, me sentía estresada, no había conversación y ambos iban a mis costados, Rafael no me quitaba la vista de encima y el muchacho simplemente era un caballero y no hacia ningún comentario acerca de mí.
- Hoy te viste hermosa, Elena – dijo Rafael, después de haberse contenido por un buen rato.
- ¿eh? Ah… gracias – me sentía tonta, que un chico me dijese que era linda siempre causaba efecto y como no estaba acostumbrada a relacionarme con los chicos, mucho menos lo estaba.
De repente vinieron a mi mente los chicos de la banda, los veía siempre en los conciertos, pero nunca nos relacionábamos mucho y de lo único que siempre conversábamos era de las notas de la música o cuando surgían discusiones y tenía que intervenir, pero cuando eso no bastaba, nuestra manager tenía que meterse y lograr la paz.
Me di cuenta que a pesar de estar relacionados, no los conocía de nada, sin embargo, fuera de mí ellos se conocían muy bien y tenía pláticas realmente compartidas, inclusive habían intentado meterme en algunas conversaciones, pero en esos tiempos no solía querer relacionarme siquiera con algún hombre.
- ¿pasa algo? – pregunto Rafael y eso llamo la atención del muchacho
- N-no, no pasa nada – dije sin mirarlo, mi rostro debía haber tenido alguna expresión triste como para que se comportara de esa manera.
- ¿estás segura de eso? – insistió
- ¡déjame en paz! ¡esto no tiene nada que ver contigo! – cuando me gire la luz chocaba contra los ojos de aquel muchacho y pude ver el tono miel que tenían – Marco… - pronuncie.
-
Sus ojos me recordaban al guitarrista de mi banda, fue entonces que el muchacho sujetó mi brazo….
- Tu… eres tu ¿no es así? – pronuncio.
- Ah… yo solo…- tenía que pensar en algo, pero mis labios no pronunciaban nada.
Nunca había visto a Marco de esa forma, como si realmente quisiera una respuesta, pero lo que le había contestado no era realmente una respuesta.
Cuando llegamos a mi casa igual que Rafael, la expresión de Marco era la misma, pero él no dijo nada, simplemente se ahorro los comentarios.
Karen abrió el portón y me dejo entrar, saludo a mis dos acompañantes y agradeció el que me hayan traído hasta la casa. Noté que Marco no me quitaba la mirada de encima, como si sospechara de mí de alguna forma y esperaba que Rafael no metiera la pata después de haberse ido.
Entrando a la casa Karen me pregunto cómo nos había ido en la competición y le conté todo, incluso acerca de lo que hable con Rafael y de lo que creía de Marco.
Lo que había ocurrido en el vestidor con Marco había sido difícil, y el que me lo hubiera encontrado nuevamente fuera de los conciertos no era para nada de buena suerte.
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