sábado, 18 de enero de 2014

La luz de la mirada cap 7

CAPITULO 7: DESCUBIERTA

Karla había tardado mucho tiempo en venir a avisarme si ya el auditorio estaba vacío o no, así que decidí cambiarme de una buena vez y al terminar, ir a buscarla sacando cualquier pretexto que pudiera inventarme.

La ropa que debía ponerme debía ser demasiado diferente a la de la que usaba para los conciertos, el nunca usar faldas cortas o con ondas no era realmente mi estilo, pero era lo más femenino que podía usar, debido a que la ropa que usaba eran colores oscuros, pantalones o shorts y playeras junto con chaquetas de cuero, siempre con mis pequeños aretes plateados.

Esa noche use un vestido de corte sencillo color rosa mexicano junto con un suéter negro. Terminando de vestirme tenía pensado ir directo a la oficina de Karla, pero al salir del vestidor, Marco estaba a punto de tocar la puerta y con una cara atónita debido a que no me conocía y ya no llevaba puesta la peluca, aun si entraba en el vestidor, la peluca la llevaba siempre conmigo en mi bolsa.

-       Este es el vestidor de Soledad, ¿Qué hace usted aquí?
-       Soy una admiradora, pero ella no se encuentra aquí así que me iré – simplemente pase a su lado sin siquiera mirarlo al rostro y disimulando mi voz para que no la notara igual a la de mi otro yo.

El simplemente se quedo mirándome más tiempo, pero no dijo nada, pensaba que el realmente se había tragado el cuento, pero a la mañana siguiente Karla me llamo al móvil y me dijo que Marco le había mencionado que la noche anterior vio salir de mi vestidor a una chica y esperaba que no hubieran robado nada del lugar.
Mi manager me prohibió salir de mi vestidor hasta que ella viniese a avisarme de que absolutamente todas las personas del lugar se hubieran ido, tenía prohibido salir y hubo un tiempo en el que inclusive ponían algún guardia vigilando en la puerta.

En ese entonces mis padres aun me llevaban a clases de violín y piano, a pesar de que ya había ganado algunos trofeos y de que mis profesores ya les habían dicho que era un nivel ya profesional, ellos continuaron hasta que ya no fueron a los recitales en los que tocaba.

Como mis padres no me recogían, ni nunca me llevaban a ninguna parte, ni por más cercana que fuera, debido al trabajo, así que nunca tenían mucho tiempo para mi, en los recitales, no duraban mucho tiempo y era raro que se quedaran si quiera hasta la mitad de las canciones que tocaba, pero con el que fuesen, yo, era feliz.

Cuando iba de camino a mi casa, pasando por un parque, había un solitario muchacho de más o menos mi edad sentado en una de las bancas, pensativo. Tenía ideado pasar de largo pues era un total desconocido para mí y tampoco me iba a detener a averiguar si lo conocía o no, si era un chico, lo menos que tenía que hacer era mirarlo; pero después de un momento de dar la vuelta al parque, sentí una mano sujetar mi brazo, obligándome a girarme y  verle el rostro.
Era Marco.
Sus ojos se veían agitados y con una intención de querer interrogarme hasta el cansancio, hasta sacar la última gota de información que tuviese sobre lo que quisiese preguntar.

-       Tu estas la otra noche en el vestuario ¿no es así? – dijo después de haber clamado un poco su repentina reacción hacia mí.
-       ¿eh? – lo último que quería era que él me descubriese, fue entonces que desde el comienzo tenía que disimular mi voz, usando un tono más dulce, como el de la típica niña rica sin sentido de la dureza.
-       No digas “¿eh?”, yo te vi – su tono era algo duro, como si estuviese enojado.
-       Bueno… yo… lamento si molesté de alguna forma… - tenía que hacer lo que estuviese a mi alcance para hacer más corta la conversación, lo último que me hubiera gustado hacer era entablar una amistad con un hombre.
-       ¿Qué buscabas?
-       Yo… solo… buscaba a Soledad…

Después de un largo interrogatorio Marco de notaba más tranquilo, como si el que le hubiera dicho mis supuestas intenciones le tranquilizara un poco. Pero al parecer lo que el tenia era preocupación de que a mí me hubiese ocurrido algo o a mis cosas.
Sin darnos cuenta, la conversación había dado un giro inesperado terminamos platicando de cosas nuestras, sin pensarlo, le había tomado cariño y finalmente nos hicimos amigos, pero era agradable tener una compañía fuera de Karen, Karla y mis amigas del Instituto.

De repente me pregunto que si sabia cantar, a lo que conteste con lo que era en parte una mentira porque en la mayoría era verdad, que cantaba horriblemente y que por ello prefería tocar el violín, pero que a petición de mis padres también había aprendido a tocar el piano. Hubo un tiempo en el que nos mensajeábamos demasiado, era como el no despegarse del móvil en todo el día, pero de repente ya no contestaba mis mensajes e incluso yo veía tarde los mensajes que él me contestaba.

Fue entonces que me dijo que ya no debíamos vernos, a lo que quise que me diera una razón, pero prefería callar y dejarle ir, ya había desobedecido demasiado a mi primera norma de no relacionarme demasiado con los hombres y ahora que se iba, le extrañaba demasiado.

No podía contenerme y llore delante de él, de la manera más indefensa que hubiera visto de mi misma, se disculpo hasta que el también rompió en llanto junto a mí, pero solamente podíamos separarnos y dejar de lado todo lo que había pasado entre nosotros.
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Vino nuevamente a mi mente el contrato, esa debía de haber sido la razón por la cual, Marco se había distanciado de mí, sentía muchas ganas de poder decirle quien era yo realmente pero debía callar. Era un secreto y así seria hasta que tuviese la confianza de salir al mundo y decir quién era yo.
Todo debía ser guardado y no debía pronunciar objeción alguna, debía callar y simplemente aceptar esa decisión tomada.

El contrato, el contrato, siempre lo había antepuesto a todo sin importar la circunstancia pero en ese momento mi corazón quería simplemente tirar todo por la borda, pero esa no era la decisión que él había tomado, así que solo tome la elección que me había ofrecido.

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