lunes, 30 de diciembre de 2013

Zahan y la Tierra Capitulo 6

...Raquel...
Esos verdes ojos que tanto amaba recorrieron lentamente mi espalda, el escalofrío que me dió al recoger las latas de refresco de la máquina expendedora me señaló la presencia de una mirada fija.
Al girarme ahí estaba Gabriel, aun mas guapo de lo que solía verlo, sin el uniforme parecía aun mas joven y hermoso en todos los rincones de su ser.
Descubrí que al no apartar mis ojos sus mejillas se tornaron un poco rojas, pero con los destellos de luz del concierto y el anochecer no podía detectarlo del todo.
Comenzó a acercarse, descubriendo así mi nerviosismo y mi incapacidad de mantener su mirada, el rostro lo sentía demasiado caliente y ni siquiera las frías latas podían ayudarme, esa deliciosa necesidad de tocarlo nuevamente acudió a mi pero logre mantenerme quieta hasta su llegada.
Frente a frente.
De pronto el mundo desapareció, las latas de refresco cayeron al suelo y solo pude sentir el calor de sus brazos mientras rodeaban mi cuerpo, escuchaba un latir frenético pero no sabia si era el de él o el mio, que no podía creer el momento en el que se encontraba.
El abrazo duró unos minutos y podía escuchar las grandes bocanadas de aire que Gabriel tomaba para suspirar, hasta que llegó el momento en que pude escuchar su dulce voz.
- ¡Me gustas! - La frase hizo eco en mi cabeza, pero mi cerebro no lograba procesar aquellas palabras, ni siquiera los colores llegaron pronto a mi rostro hasta que Gabriel deshizo el abrazo, sujetando mis dos brazos para verme la cara.
En cuanto pude balbucear algo, mi rostro se encontraba rojo y en mi intento de devolver la frase otra voz tan familiar interrumpió aquel delicioso momento...
- ¡Raquel! - Era David, la cabellera negra estaba oculta en la capucha de la sudadera roja que llevaba puesta, pero de esa manera no podía ocultar su enojo. A pesar de ser mi dragón, no había podido albergar sentimientos fuertes por él, era tierno y frió a su vez, pero no era del tipo de chico del cual me enamorase.
Al volver la mirada hacia Gabriel, su rostro denotaba dolor y una fuerte punzada golpeó mi pecho.
- ¿Es tu novio? - Preguntó con voz triste pero sin dejar de mirarme.
- ¡No! ¡Nunca! - Negué en cuanto la voz salió de mi garganta.
Nuevamente alguien interrumpió la complicada situación.
- ¡Raquel! ¿Que pasó? - Ignoró a los dos muchachos y me arrastró en dirección hacia el centro del público, solo pude girarme a ver por ultima vez la suplicante mirada de Gabriel...

...Karen...
Los resplandecientes rayos de luz que me despertaron provenían del foco de la habitación, mi madre había logrado entrar a la habitación en completo silencio y ahora me encontraba en un grave problema a mediados de las cuatro de la mañana.
"¡¿Quien es este joven?!". Había hecho esa pregunta a gritos, pero Eduardo fue lo suficiente ágil para hacer algún comentario acerca de su situación. Mintió acerca de ser huérfano y que yo ya le conocía desde hacia muchos años, que yo lo había acogido en casa debido a su perdida de vivienda en la que se encontraba hospedado, quedándose en mi habitación hasta poder encontrar un nuevo empleo y hogar.
Mi madre creyó todo aquello, no sin tener aun sus dudas, pero decidió acogerlo durante un corto lapso de tiempo.
El sueño me hacia bostezar a cada momento y ni el baño con agua fría lograba disipar el deseo de volver a dormir, la fiebre había desaparecido como apareció y ahora podría conocer al resto de las chicas que formaban parte de nuestro secreto.
¡PUM!
Un fuerte golpe sonó desde otro lado de la pared, la habitación de Andrea quedaba contigua a la mía a pesar de estar en diferentes departamentos. La preocupación se hizo presente y en cuanto estuve lista para asistir al colegio me dirigí al apartamento de al lado.
Pasaron unos minutos para que Andrea saliera, pero a pesar de su relajada y enérgica personalidad, noté cierto nerviosismo en su mirada cuando salió.
- ¿Nos vamos? - Dijo con su sonrisa habitual.
- Si - Correspondí la sonrisa.

...Rebeca...
Mi cabello había amanecido rebelde, no podía acomodarlo como solía hacerlo y eso solo indicaba que un mal día estaba por avecinarse. El ultimo día que había estado así había sido un día horrible aunque ya hubiesen pasado años desde aquel 14 de febrero. Recordaba perfectamente la fecha, el día que mi madre fue encontrada. Aun podía ver claramente aquellos labios morados y la piel pálida.
Unos meses antes ella había estado en un hermoso y prestigioso concierto de violonchelo en Buenos Aires, pero ella nunca regresó. En su lugar una llamada telefónica notificó su secuestro. Se pedía demasiado dinero y mi padre no lo tenia. Mamá era la fuente principal de ingresos en casa.

El pensar en todo  ese pasado aun dolía y no era demasiado fácil contener las lágrimas en medio de tanta gente.
Una suave tela roja tapó por completo mi visión, haciendo que retrocediera unos cuantos pasos hasta chocar contra alguien mas alto que yo. Imagine que seria Andrea, por lo regular ella hacia ese tipo de cosas, pero al girarme encontré unos ojos azules.
- Josue te dijo que el clima refrescaría - Dijo mientras acomodaba la bufanda alrededor de mi cuello.

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